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La División Azul, 1941-1943
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Cuba 1898. La pesadilla de un sueño de verano

por Enric Martí

 

La España antigua está muerta, sin proferir ni un grito

donde no han tenido voz más que políticos y patriotas de café,

que desafiaban desde cómodas tribunas el peligro yanqui.

Joaquín Costa


Bahía de Santiago de Cuba

Bahía de Santiago desde el castillo del Morro (Foto autor)

En la segunda mitad del siglo XIX, los retales del otrora imperio español, Cuba, Puerto Rico, Filipinas y diversas islas del Pacífico se tambaleaban ostentosamente, concretamente en Cuba los levantamientos armados se sucedían, orquestados por una oligarquía pujante y emprendedora que veían frustradas sus ambiciones de progreso por una administración lejana, tan corrupta como ineficaz ¡Menos mal que esto en la actualidad ha cambiado radicalmente..!

Nos encontramos pues con la Guerra de los diez años de 1868-78, temporalmente interrumpida con el acuerdo de Zanjón en la que se sentaron las bases para la abolición de la esclavitud; le seguirá la Guerra Chica de 1880, y la última y definitiva, que estallará con el llamado Grito de Baire del 24 de noviembre de 1895 y que a través del Tratado de París pondrá fin a nuestro largo y aletargado sueño de ultramar.

Estas largas luchas produjeron una plétora de exiliados que se establecieron en el poderosos vecino del norte, como es el caso de José Martí, considerado como el ideólogo de la incipiente nación, junto a otros prohombres como Máximo Gómez o Antonio Maceo, cuya lucha irregular no era una opción difundida incluso por las actuales instituciones castristas sino una obligación, pues en modo alguno se podían medir con el aguerrido ejército español de la isla, que llegaría a contar con una guarnición de 200.000 soldados, aunque diezmados de forma constante por las enfermedades tropicales y no por los machetes de los mambises. Los emigrados fomentarán entre la opinión pública estadounidense un sentimiento de causa justa.

Sus gobiernos hacía tiempo que tenían puestas sus miras sobre el suculento botín antillano, llegando a ofrecer al bando carlista que asoló España durante el XIX con tres guerras civiles, la entrega de artillería y el armamento que necesitasen para tomar el poder y una vez en él, recompensar debidamente a sus para nada desinteresados benefactores…

Trochas en 1898

Principales trochas en Cuba.

El buenismo del general Martínez Campos sólo sirvió para extender la insurrección, y en su puesto se destacó al implacable Valeriano Weyler, que tomó una serie de medidas: Trochas, es decir líneas de fortificación para compartimentar la isla, y Centros de reagrupamiento, es decir campos de concentración que devastaron la lucrativa economía cubana, pero que le hubieran cosechado una victoria segura, de no ser destituido el 31 de octubre de 1897 y reemplazado por el blandito general Ramón Blanco ¡La política española en la Edad Moderna siempre ha asimilado lo de lobos con piel de corderos, pero justo a la inversa..! Este se apresurará a poner en práctica la recientemente concedida autonomía solicitada, pero como de costumbre la medida llegaba mal y tarde.

El 15 de febrero de 1898, el acorazado norteamericano Maine anclado frente al actual Hotel Nacional en el malecón de La Habana estallaba, el motivo más probable es que debido al poco cuidado de la tripulación que andaba por los pasillos interiores pisando polvo de carbón y fumando compulsivamente ¡Ymira que las cajetillas advierten de lo perjudicial que es..! Sin exculpaciones no pedidas, un dato nos pone en aviso: a mediados del siglo pasado el almirante Nimitz refloto el pecio para investigar la causa, pero sin obtener conclusiones definitivas… eso sí, el Maine fue de nuevo hundido en un fosa marina… y no es por mal pensar pero es que tantos: Lusitania, Pearl Harbor, Armas de destrucción masiva, hacen sospechar hasta al más cándido. Y por cierto ¿Qué hacía el Maine en la rada de La Habana? No es de buena educación asistir a dónde no has sido invitado con previa antelación, detalle que las fuentes anglosajonas ignoran de oficio.

Valientes olvidados, muertos sin recuerdo

La guerra entre Tenderos (Apodo peyorativo español para sus enemigos y los Dons (Ídem. de los norteamericanos en referencia a Don Pepe, Don Paco…) y el bloqueo de la isla era ya un hecho consumado. Las hostilidades se extenderán por supuesto a las posesiones en el Pacífico, todavía más apetecibles si cabe. En España los estallidos de furor patrio se multiplicaban, sin el menor aporte práctico ¿Qué raro? El ejército expedicionario norteamericano (Shafter), un tanto improvisado, desembarcará en la bahía de Daiquiri, completando su inconexo y confiado despliegue el 24 de junio. Pronto tendrá un encuentro sin trascendencia en Las Guasimas, prosiguiendo su avance en la zona oriental de la isla con el objeto de tomar Santiago. Las tropas, en absoluto acostumbradas al clima, pronto acusarán los efectos del vómito negro (Fiebre amarilla), disentería y tifus, ocasionando que más de una vez se plantee la total evacuación.

Daiquiri

Bahía de Daiquirí (Foto autor)

El plan para conquistar las defensas de Santiago era simple; el grueso atacaría Las lomas de San Juan, mientras una fuerza auxiliar (Lawson) tomará El Caney y apoyará de flanco el ataque principal. El dicho no siempre es el hecho y si el ataque de distracción debía finalizar a las 9 de la mañana, a las 18 los españoles todavía luchaban en el pequeño casco urbano. Su guarnición, carente de artillería, supo mantener un disciplinado fuego de fusilería, tan denso que sus enemigos creyeron que se trataba de ametralladoras. Finalmente, cuando el general Vara del Rey, tras ver morir a sus dos hijos, caiga a su vez ¡Se negó a ser evacuado pese a sus múltiples heridas!, la resistencia se vendrá abajo, aunque cien defensores lograrán romper el cerco y retirarse.

Lomas de San Juan

El asalto a El Caney, según un grabado estadounidense.

La lucha principal no empezó con buen pie para los invasores, impedidos por la manigua a desplegar en orden abierto, con lo que fueron un buen blanco para la escasa, pero eficaz artillería española, auxiliada porque los yanquis avanzaban con un globo de observación ¡Tirad abajo del Gordo, era la orden general! A la llegada al pie de las elevaciones tuvieron que ser apoyados por el fuego de cobertura de las ametralladoras que habían quedado en retaguardia. Tras su conquista tras lucha cuerpo a cuerpo, el general Linares envía los marineros (Bustamante) de la flota a su reconquista ¿Por qué no los mando antes como refuerzo, junto con las ametralladoras de los destructores que de poco iban a servir en la inminente batalla naval? Las líneas quedarán establecidas en La Canosa. Cuando la columna del brigadier Escario (3.000 hombres) llegue desde Manzanillo, ya todo estaba decidido…

Salida y entrada a la eternidad

El hecho de que la escuadra del depresivo Cervera se encerrase en Santiago y no tratase de alcanzar el mucho más idóneo fondeadero de La Habana sigue siendo motivo de polémica, a pesar de las muchas excusas y alegaciones del estamento que sólo convencen a los fatuos agoreros de honores y glorias. La más que probable pérdida de Santiago acarrearía pareja la pérdida de la flota, y desde Madrid se ordena su salida hacia la citada capital de la isla. El plan escogido para la misma, fue, cómo no, la peor opción ¡A primera hora de la mañana de aquel trágico domingo 3 de julio, para que nuestras naves no tuvieran la oportunidad de desvanecerse en la noche..! Así, en la madrugada, el almirante hace formar a los hombres en traje de gala en las cubiertas, que habían bajado de las trincheras esa misma noche y finaliza su arenga, con el ya mítico ¡Dios acoja nuestras almas! La infantería desde el círculo de defensas de las afueras del apostadero, agita sus sombreros de paja y dá Vivas a España ¿Hubo algún yanqui que no se dio cuenta de la inmediata salida?

De la batalla poco se puede explicar que no se sepa y que puso colofón a lo que nuestros enemigos de entonces denominaron “aquella pequeña y espléndida guerra”. Nuestro ancestros cumplieron con creces el suicidio colectiva a la que les había condenado tanto incompetente dirigente y a los norteamericanos agradecerles su diligencia y dedicación tras el combate, pues se desvivieron por rescatar a los náufragos que eran rematados impunemente por los vengativos cubanos, que así reconocían el derroche de valor de esos infelices… ¿Las falacias de la Revolución, comentan algo de la lesa humanidad desplegada? diría yo que no…

Colon 1898

En el centro, punta dónde embarranco el Colón (Foto autor)

Por cierto, la escuadra enemiga no la dirigió Sampson, que se encontraba desayunando a distancia y a su llegada el asunto estaba dado y finiquitado, sino Schley a bordo del Brooklyn, pero el primero coacciono a éste último de que si no mentía adjudicándole la victoria, abriría diligencias ante un Tribunal Militar ¿Con qué cargos? ¡Cobardía! Efectivamente; el plan español estipulaba que el buque insignia (Infanta María Teresa) embestiría ¡Táctica Salamina! sobre el enemigo atrayendo sus fuegos, mientras el resto trataría de escapar del letal bloqueo. Pues bien: el gigantesco Brooklyn, viro 180º y puso agua de por medio ¿Será este el motivo de que sean tan aficionados a nuestros encierros de Pamplona?

 

Los partes de Pinocho

Sin contar con los buques de Cervera, la propia isla contaba con su propia flota de control de aguas costeras, que aunque ignorada jugará un honorífico y singular, aunque intrascendente papel.

Al pequeño puerto de Cárdenas en el norte acudirá el 25 de abril el torpedero Foote, que será puesto en fuga por la cañonera Ligera que lo impacto en reiteradas ocasiones. El 11 de mayo los norteamericanos regresan con el Wisnlow, Hudson, Machias y Wilmington. A la entrada de la bahía la Ligera y la Alerta tratan de escurrir bulto maniobrando entre los peñascos, sólo la López con un solitario cañón de 57mm permanece en el puerto, abrirá fuego a 100 metros del primer buque citado, causándole cuantiosas bajas y daños, teniendo que ser remolcado por el Hudson que se llevará también dos impactos de propina…

Combate de Cárdenas

El combate de Cárdenas, abril de 1898.

El resto de la flota enemiga disparaba a discreción contra puerto y población, creyendo encontrase bajo el fuego de poderosas baterías españolas: están eran las dos citadas cañoneras y una compañía de infantería que con sus uniformes de rayadillo y sus fieles mausers no cesaron ni un instante en apoyar a la diminuta flotilla. Al día siguiente llego el capitán Severo Gómez con seis cañones de infantería, contando con tan mortífero arsenal ¡No hubo yanqui en la costa hasta la firma del armisticio! En la actualidad las fuentes anglosajonas siguen citando a las poderosas baterías de Cárdenas…

Ruta del avance estadounidense

Ruta del avance norteamericana vista desde las Colinas de San Juan (Foto autor)

El 30 de junio aparecían frente a Manzanillo en el litoral sur los buques: Hornet, Hist y Wompatuck que dieron de bruces con las cañoneras: Estrella, Parejo, Guardián y Guantánamo y amarradas a puerto por no estar en condiciones de navegar: María y Española. Los primeros tras encajar una veintena de impactos se repliegan en busca de refuerzos, mintiendo sobre el orden de batalla español.

Al día siguiente acuden a la cita con la ayuda del Scorpion y Osceola y de nuevo son puestos en fuga; alegarán ante sus superiores que las baterías de costa les impidieron progresar en su cometido ¡En realidad era la omnipresente infantería pegada a la playa y sus cartuchos del 7,92mm! Volvieron de nuevo el día 10 con el Helena y el Wilmington logrando que los españoles tengan que zabordar sus pequeñas naves tras agotar las municiones. Por fin el 12 de agosto aparece de nuevo la citada flota con el Newark y Suwanee más un batallón de marines apoyado desde tierra por las guerrillas cubanas y claro está poder, pudieron…

Dónde hay patrón…

El año próximo se cumplirán 20 del centenario de tan lamentable conflicto; los eventos que surgieron de tal efeméride versaban principalmente en un nunca demostrado resurgimiento del alma española en el arte, las letras, la industria ¡sic! Nadie parecía ver que las crisis sociales aumentaron y se acentuaron con la distanciación total de la casta militar y la sociedad civil, que proseguirá con la locura de Marruecos y estallará en los ríos de sangre por todo el mundo conocidos (1936-1939).

La televisión pública contribuyó con una serie que relataba sin atisbo de crítica los dramáticos hechos. Narrada a dúo por un militar norteamericano y otro español, el primero de aspecto físico formidable hablaba cual cirujano que acabase de eliminar de nuestro organismo un tumor afortunadamente benigno, el segundo cual pariente de segundo grado no proyectaba el menor filtro, ni medida en su agradecimiento. Quizá como un detalle de buen gusto, el vencedor se abstuvo en la conclusión, de preguntarle ¿Colega español: cuatro más uno?

Lomas de San Juan, Cuba

Colinas de San Juan (Foto autor)

Bibliografía

La guerra del 98, campañas de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, Agustín Rodríguez, Agualarga.

Breve historia de la guerra del 98, Miguel del Rey, Nowtilus.

1898 La estrategia del Desastre, Jaime Pérez, Silex.

El desastre del 98 y el fin del imperio español, José L Cervera, Nueva.

El ejército español en el desastre de 1898, Rafael Núñez, Arco libros.

Tramas ocultas de la guerra del 98, Agustín Rodríguez, Actas.

Atlas ilustrado de la guerra de Cuba, Juan Escrigas, Susaeta.

El desastre del 98, José Calvo, Plaza & Janés.

El maldito verano del 98, José A Plaza, Temas de hoy.

En guerra con Estados Unidos, Cuba 1898, Antonio Carrasco, Almena.

La Odisea del almirante Cervera y su escuadra, Luis Gómez, Biblioteca Nueva.

El Maine y la guerra de Cuba, Hyman Rickover, Susaeta.

Y en España se puso el Sol, Agustín González, Narrativa Marítima.

España bélica, Siglo XIX, Carlos Martínez, Aguilar.