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La División Azul, 1941-1943
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Esencia de bandolero: Valentín González, "El Campesino"

por Enric Martí

Los  hijos, novios,  hermanos,  maridos;  los  hombres  que  visten  género  de  pana
y tienen la piel dura por el Sol  y vendavales. Se van, se despiden y forman batallones
¡Aquí no llora nadie! Se van sencillamente,  el corazón  domina  y se vierte  sangre,
las  lágrimas  se  ahogan por  la noche,  contra  la  almohada  ¡Aquí  nadie  llora!

Arturo Serrano

Si nuestro fratricidio produjo algún personaje de epopeya ese sin duda es Valentín González, más conocido como El Campesino, aunque en  momento alguno llegó a dedicarse a tan digna labor. Por obra y gracia del Partido comunista paso a ser de contratista de obras a grandioso mito popular. Él mismo era el principal enamorado de su leyenda, hasta que de la noche al día se convirtió en un juguete roto, ante el silencio y desprecio de quienes le auparon.

Valentín, pese a sus grandes carencias, no era de los que se conformaban con un patético pataleo y convertirá su trayectoria vital en una extraña e inconcebible mezcla de osadía, sainete de género lirico y bravuconada tabernaria que no admite parangón en la historia del pasado siglo. Quizá su principal marca de distinción fuera personificar a España, con todo lo bueno y malo que ello conlleva.

El campesino

Nació en 1909 en Malcocinado, un pueblo cercano a Peñarroya, en el seno de una mísera familia de padre anarquista. Como era común entre la clase trabajadora hasta hace apenas dos generaciones, empieza su vida laboral a los ocho años; a los quince  sufre su primera detención.  Dos años más tarde asesina a cuatro Guardias civiles, por lo que debe buscar refugio en la sierra.

Con el advenimiento de la República reaparece convertido en un modesto contratista de obras menores, pese a su juventud, destaca por unas notorias dotes de mando. En vísperas de la guerra civil se afilia al Partido Comunista de España. Al estallar la guerra ingresó en el Quinto regimiento, combatiendo en la sierra de Guadarrama y en la carretera de La Coruña, destacando  por su bravura a la par que por su crueldad con el enemigo ¡No tiene la sana costumbre de  admitir  prisioneros! Varios testimonios explicaron que en algunas ocasiones fue dando caza  uno por uno a un grupo de rebeldes rezagados en un repliegue en la sierra.

Es  durante esta etapa de la guerra cuando se forja el mito de indomable guerrillero. Luego, llegarán las sórdidas críticas de sus ex camaradas: “Cernícalo” “Cobarde enfermizo” “Incapaz de leer un mapa” y un largo y cansino etcétera, que, sospechosamente y a pesar de la diversidad de fuentes tienen un origen común (Ya se sabe comunismo y libertad de expresión, tres cuartos de lo mismo). Veamos qué dice uno de sus enemigos, Salas Larrazábal, en la excelente Historia del ejército popular de la República. “Este fabuloso guerrillero, de innegable audacia y dotes  de mando, tenía un gran sentido teatral, era fanfarrón y embustero hasta lo inconcebible”. Desde la distancia, uno se pregunta ¿Era tan diferente del resto de mandos made in Moscú? sin ir más lejos, su eterno rival, Enrique  Líster, si damos pábulo a sus memorias, Memorias  de  un  luchador, (que, por ética editorial,  deberían haber sido editadas por Marvel Comics), era poco menos que un superhéroe con letras mayúsculas.  La verdad habrá que buscarla en otro departamento ...

motocicleta Ural con ametrallador checo

Motocicleta con fusil ametrallador checo (foto autor)

Hoy en día, todo autor con criterio da por cierto que su brutalidad, salvajismo y desprecio por toda preparación profesional o cultural, no eran más que un primitivismo fingido, una curiosa cortina de humo para alimentar  su alter ego. Valentín tomó parte en todas las batallas en torno  a  Madrid e incluso en pequeñas ofensivas como la de La Granja, en la que su unidad, la brigada móvil de choque, era el auténtico bombero de la República por aquel entonces.

Combatirá con destreza en Guadalajara, pero ni él ni el resto de las unidades de la República no lograron quebrar el frente del hábil Bergonzoli; el 18 de marzo de 1937, sólo el instinto guerrillero del anarquista Cipriano Mera logró tomar Brihuega. El Campesino se lanzó a toda  velocidad en el sidecar de una motocicleta a tomar posesión  de la población, pero es recibido a tiros por los libertarios. Su  fanfarronada con el general Miaja (Quería regalarle la toma de la localidad por la onomástica del general) resultó una pifia, debiendo conformarse con aparecer  ante los medios a lomos de una tanqueta italiana capturada, las famosas latas de sardinas.

Brunete

El campesino en Brunete

Dirigiendo sus tropas en Brunete.

Valentín no acataba disciplina alguna, pero era intolerante con los que no cumplían la suya. Su fanático individualismo, trufado de zafias groserías, le reportarán un discreto papel en la batalla de Brunete, choque moderno ya alejado de esa mezcla de enseñanzas mal aprendidas de la Gran Guerra y la experiencia de la guerra de pobres del Rif,  que hasta ese momento era la norma en nuestra contienda. Aquí ya está al mando de la 46ª División del Ejército Popular y sus choques con Juan Modesto, jefe del Vº cuerpo, son constantes. Definitivamente, su estrella decae.

González y Mera

Valentín González y Cipriano Mera

Habrá quien piense, a tenor de lo anterior, que Valentín era en el fondo un anarquista que  se había equivocado de partido. Nada más lejos de la realidad: era un incondicional de uniformes, desfiles y protocolos. La pompa marcial le encandilaba y por supuesto la jerarquía, siempre y cuando fuera él quién la ostentase.

En la batalla de Teruel dirigió de forma pésima un ataque frontal sobre la meseta de Las Celadas, sufriendo cuantiosas  pérdidas. A su división correspondió la defensa de la ciudad  recién conquistada. El 17 de febrero de 1938 defendió con tenacidad el cementerio, pero se retira con grave riesgo de ser copado en el núcleo urbano. Pese a las críticas de propios y extraños, no hubo la más mínima cobertura para el repliegue, y lo cierto es que la 46ª División fue abandonará a su suerte ¡Vicente Rojo, ese estratega de fantasiosos flanqueos y fintas a la nada, cuyo nexo de unión con la realidad del ejército a su mando era inexistente, como de costumbre da peregrinas explicaciones del suceso, que nos recuerdan a su famoso plan P, para salvar Cataluña en el invierno de 1938-1939 (¡P de Perogrullo!)

Valentín abandonó la capital turolense la madrugada del 21 de febrero, por el sector suroeste;  numerosos  autores del régimen afirmaron que lo hizo a bordo de la famosa tanqueta capturada en Guadalajara ¡Es lo que tiene que Madrid sea tan plano, y de ahí que algún fachenda crea que si no todo el campo es orégano, sí que es una planicie! Ciertamente, todo aquel que conozca la ciudad, sabrá que era imposible abandonarla en la época en cualquier tipo de vehículo motorizado por esa parte. Actualmente, la autovía hacia Sagunto se alza por medio de un viaducto…

T26B republicano

T26B republicano (foto autor).

La cabeza de turco de tanto desatino fue El Campesino; por lo visto, su mando fue tan fatal y tan lamentable, que en abril de 1938 el elegido para defender Lleida, la primera capital catalana en riesgo de caer  en  manos  de  los cruzados por la gracia de Dios (y del Duce y del Führer) es Valentín ¿Tiene algún tipo de lógica?

batalla de Lleida

La 46ª División en la defensa de Lleida

La 46ª División luchó con fiereza, pero la suerte estaba echada de antemano. Los camaradas de Valentín lo acusaron, como también hicieron en Teruel y posteriormente en el Ebro, de dirigir  la batalla desde el otro lado del río y fingir una imaginaria enfermedad. Incluso lo emplazan en un hospital de Pins del Vallés (Sant Cugat). Su primer puesto de mando fue la casa Cros (Avda. Ferran cruce con Vila Antonio) desde dónde se controlaba el castillo de Gardeny. Tras ser  bombardeado su puesto, se traslado al palacio de la Paeria, sede del ayuntamiento de la ciudad.  Multitud de testimonios civiles (nada sospechosos de tendenciosidad o de parcialidad) afirman  que el 4 de abril el propio Campesino les amenazó con su famoso Despanzaburros (Subfusil copia española del alemán MP28, también conocido como naranjero por ser fabricado en Valencia) para que le cedieran sus carros para trasportar a los heridos y poder cruzar el Segre, mientras decía: ¡Esta vez, no me pasará como en Teruel! Pero, pese a todo, el komitern siguió en sus trece, erre que erre,…Ya en la ribera izquierda del Segre, ubicó su puesto de mando en el  chalet de la Canadenca (Actual museo del Agua). Su sucesor en el mando del sector, coronel Pedro Mateo, lo trasladará a la clínica Vallory.

Durante la ofensiva del Ebro estuvo al mando de Líster ¡En el gallinero rojo sólo había espacio para un gallo! Pues este lo destituyó a inicios de la misma, alegando que tenía su puesto de mando en la ribera izquierda del gran río ¡Vaya, como Líster y el resto de la  plétora; Modesto trasladará su puesto de mando a mediados de agosto al túnel de ferrocarril de Ascó en la orilla derecha! El potente aparato de la propaganda fabulará contando que Líster combatía de día y que de noche cruzaba el río a nado para dormir en brazos de una agradecida payesa ¡Sic! La realidad, según testimonios de combatientes de su división predilecta (11ª) es que muy de tanto en tanto, Líster se presentaba en  primera línea acompañado de todo un sequito deperiodistas,  daba una corta arenga, agarraba un chopo (fusil) y, tras molestar al enemigo con 2 o 3 disparos, volvía a su refugio al otro lado del río, cruzando por el puente de pontones de Miravet ¿Verdad  que esto último resulta más creíble?

El campesino y Miaja

Miaja y el campesino.

El final de la guerra sorprenderá a Valentín en un puesto burocrático en Ciudad Real, desde donde se trasladó a la costa en compañía de sus fieles: Trimotor, Sopaenvino, Chocolate y Pancho Villa ¡Sin comentarios! Tras cruzar las líneas de frente, llegaron al puerto de Málaga  robando una lancha motora previo tiroteo con falangistas. Desde allí alcanzó las costas francesas de Argelia (Es justo reseñar que sus camaradas de Partido lo harán por avión escoltados por el XIVº cuerpo de guerrilleros y cargados de enseres personales ¡Además del: No pasarán; La Pasionaria tenía por lema: Antes muerta que sencilla!)

Infierno en el paraíso de los trabajadores

El Campesino llegó a la URSS trasladándose en un vapor ruso desde el puerto francés de Le Havre junto a miembros destacados del comunismo español. Ingresó en la prestigiosa academia militar Frunze de Moscú, pero el estudio no iba con él y sus divergencias le delegan a la construcción, como un peón más, de un refugio blindado para la momia de Lenin, con los nazis a las puertas del Kremlin.

Pronto dará con sus huesos en el Gulag de Vakuta en los Urales, de donde se fuga llegando a pie a Irán. Detenido por los británicos, es entregado a los soviéticos y condenado a trabajos forzados en otra ciudad de vacaciones siberiana. Vuelve a fugarse, pero esta vez su destino es la capital, donde logra entrevistarse con  Kalinin, presidente del Soviet Supremo, quien le profesa una gran simpatía. Moviendo hilos logra trasladarlo de nuevo a Teherán y de allí a Francia.

Fija su residencia en el Sur y organiza un contingente de maquis con la intención de invadir la España franquista. El lugar elegido fue Orbaiceta (Navarra) donde el 8 de agosto de 1961 la partida entró en el restaurante La Francisca. La invasión se saldó con la muerte de tres Guardias civiles y de un buen número de insurgentes, y eso fue todo…Los fondos para su intentona habían sido financiados por un rotativo galo a cambio de la exclusiva, y ascendían al cambio  actual a la nada despreciable cantidad de 235.000€ ¡Lo dicho, un español por los cuatro costados!

Arenas del olvido

Tras sus malversaciones en el maquis, Valentín fijó su residencia en Metz, donde es vigilado discretamente por la policía francesa, y malviviendo gracias a la caridad de una organización humanitaria. Con la llegada de la democracia se trasladará a Madrid en 1978, donde falleció en 1983. Su archienemigo Líster le sobreviviría once años.

No resulta fácil encontrar palabras que sirvan como epílogo para un personaje tan desbordante como El Campesino ¿Alguien puede definir a Dalí? Ni siquiera la cita de algún prohombre resulta efectiva, por lo que detallaré una de sus innumerables gracias, que nos pueden dar una idea de su forma de hacer las cosas:

”Informado de la falta de voluntarios en el frente en el verano de 1937, encabezó un largo convoy de camiones de Madrid a las soleadas playas de Valencia, allí capturará todo varón, sólo o en compañía de una buena chati, de las que se crían en nuestra tierra. Encañonados los galanes son subidos a la trasera de los vehículos  en bañador y trasladados a Madrid, donde tras ser uniformados y municionados son emplazados en primera línea…”

El Campesino: bruto entre gañanes, mentiroso entre embusteros, chulo entre fanfarrones, bravo entre valientes. La lista de adjetivos es interminable y a quien no le sean de su agrado, siempre le queda la posibilidad de ir a diseñar muebles a Escandinavia…o, como Valentín confesó a un refugiado español llamado Mariano  García “A ese Guevara me he cansado de darle patadas en el culo y a Castro le he dado cada hostia que Dios tiembla” no sé porqué, pero yo le creo.

Valentín González

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