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Retorno a la lealtad. El General Rafael Tristany

por Enric Martí

Sacaron al buen Jesús de la catedral, enarbolando una bandera negra

y dirigiéndose a las fuerzas vivas, declararon:

¡Este es nuestro capitán, esta es nuestra bandera!

Los apelados de forma unánime afirmaron:

¡A las armas catalanes, nos han declarado la guerra!

El pueblo catalán, junto con el croata, era quizá el único pueblo europeo que por sus fueros y su carácter de pueblos de fronteras, estaba autorizado a poseer y portar armas. Si a ello le unimos su intrincada orografía, tendremos un crisol de hombres bien versados en la guerra irregular,  pues hay que tener en cuenta su natural indisciplina y su escasa inclinación a acatar órdenes de otros que no fueran sus propios líderes carismáticos; es lo que el prestigioso autor John Keegan ha calificado como liderazgo heroico.

En el trascurrir del tiempo, esta peculiaridad dará lugar a varias familias, cuya única y principal ocupación será la de las armas; así, tenemos a los Vilardell, a los Bacardí (sí, los del ron). Uno de sus antepasados, Pere Bacardí, será el último mando occidental que defenderá Bizancio contra  el asalto final otomano de 1453, a unos 200 metros al sur del actual palacio de Topkapi, o del cañón. Dos siglos más tarde otro Pere Bacardí encabezará el  ataque de flanco en la batalla de Montjuich (1641) desde el actual mercado de Sant Antoni, que ocasionará la primera derrota de los Tercios viejos, que fue obra de tropas milicianas ¡con permiso de los gabachos y  su cansino Rocroi!

Somaten

Los dos ejemplos anteriores hablan de sagas oficiales, es decir, fieles a un poder central establecido en la órbita de Barcelona. En las siguientes líneas daremos un somero vistazo a un caso opuesto, pues de rebeldes se mire como se mire, la historia del Principado está sobradamente repleta.

 

De casta le viene…

La noble familia de los Tristany procedía de Altet (Lleida)  en la comarca de Urgel, donde eran barones. Encontramos a varios Tristany como oficiales en la guerra dels Segadors, en la de sucesión, en la guerra gran, Independencia y por supuesto en las carlistas. En la primera de estas últimas destacan Mosén Benet y su sobrino Rafael Tristany (llamado Rafalet por Ramón Cabrera, el tigre del maestrazgo).

La  fortificada masía de Tristany, situada en Ardévol, en el Solsonés (en la actualidad es una casa de turismo rural), fue la cuna de estos afamados soldados. Benet (Benito) Tristany (1794-1847), fue canónigo de Guissona, aunque sin demasiada vocación. Era resuelto, vital y arrojado como el resto de la familia.

Cal Tristany

Cal Tristany

Durante la primera guerra o carlinada (1833-1840) como se decía en Cataluña ocupó Solsona (1837), llegando posteriormente al pueblo de Gracia, en  las  mismas  puertas  de  Barcelona (en la actualidad es un barrio de Barcelona). Ya a las órdenes de Cabrera, combatió en el Ampurdán y en la batalla de Berga antes de retirarse a Francia ya con el grado de mariscal.

Participó también en la segunda guerra carlista (1846-1849; llamada en Cataluña guerra dels matiners, de los madrugadores) se apoderó de Calaf, Guissona y a punto esta de hacerlo de Terrassa. Un chivatazo propició su captura en 1847, y el Capitán General Lacy, organiza una espectacular ejecución en el centro de Solsona con el fin de atemorizar a los carlistas, con campanas tocando a muerto durante horas. Benet será finalmente fusilado por la espalda junto a otros jefes carlistas, entre los que se hallaba el cadáver de Bartomeu Porredon, el ros d´Eroles (otro importante comandante carlista) quien había sido cosido a bayonetazos el día anterior mientras convalecía de una herida. ¡España, patria del amor y la paz entre hermanos!

L´hereu (El heredero)

Rafael Tristany Parera era el hijo mayor de Juan, hermano de Benet. Nacido el 16 de mayo de 1814 en la masía  familiar, a los 19 años entró a servir como soldado distinguido en el ejército carlista a las órdenes de su tío Miguel, y, al morir en combate este, a las de Benet. En 1839 es  herido de gravedad en Biosca, participando en decenas de combates, siempre en primera línea a pesar de ostentar ya el grado de teniente. Al final del conflicto sirve bajo el mando directo de Cabrera, ya es Teniente Coronel y luce en el pecho dos cruces de San Fernando.

Tristany

Rafael Tristany

Por aquel entonces su arrojo era ya leyenda, y más entre los curtidos miquelets catalanes, que no eran fácilmente impresionables. Además de osadía poseía capacidades organizativas y un talento táctico y estratégico nada común entre esas gentes, cuyas aptitudes militares solían limitarse al diestro manejo de las armas y el de montear incansablemente. Era, en definitiva, un  brillante militar en un ambiente radicalmente guerrillero.

Hasta que estalla la guerra dels matiners (1846) Rafael permanece oculto en Cataluña, sin que sus enemigos consigan dar con él. Durante la contienda, a las órdenes de Brujó, 10.000 carlistas tuvieron en jaque durante tres años a 70.000  liberales, a pesar de no poseer artillería y contar con una caballería testimonial.

Los capitanes generales liberales eran sustituidos a un ritmo trepidante y la tercer parte del ejército llego a concentrarse en el Principado. El momento de gloria de Rafael llegó en el combate de Avinyó (1848) por el cual recibirá el título de conde de Aviñón. Lamentablemente en el mismo falleció su hermano Miquel, ya capitán de cazadores con tan sólo 22 años.

Más tarde comandó un golpe de mano en Cardona, capturando a su gobernador el Coronel Olmedilla junto con su Estado Mayor. De nuevo bajo las órdenes de Cabrera, asume el mando de la 3º División de Cataluña. Los liberales trataron de sobornarlo por mediación del barón de Abella; el niño mimado del Tigre  (Rafael) se lo comunico a este, quien sin más dilación ordenó fusilar al citado barón ¡Qué tiempos aquellos y cuan necesarios en nuestra sórdida actualidad!

Dos meses más tarde, el coronel De Santiago intentará de nuevo el soborno en vista de que por las armas no había manera…Rafael lo atraerá a la emboscada de Pinós. El coronel enfurecido comunica a Madrid ¡Hay que exterminar  a los Tristany y que de ellos no quede ni el recuerdo, quemando además sus partidas de nacimiento del Registro Civil! Esto es pataleo y lo demás…

En vista de que la causa carlista no se extendía al resto del territorio nacional, los catalanes se desmoralizan y de nuevo el camino de la frontera es la única vía de escape. Rafael, ya Brigadier, es el último entre los altos oficiales en cruzar la frontera el 18 de mayo de 1849. Sólo tenía 34 años.

La nostra (La nuestra)

En el trascurso del año 1853, los hermanos Rafel, Antoni, Ramón y Francesc Tristany se levantaron de nuevo contra el poder liberal. Ante la total indiferencia no ya del resto de España, sino de la propia Cataluña, las operaciones se limitaron  a una pequeña porción de la provincia de Lleida. En las acciones de guerra cayó en combate Antoni. A pesar de todo, las columnas del general Álvarez de Sotomayor, Ríos Rubio y Periquet no lograron derrotar a estos irreductibles  quijotes que en la última fase no contaban con más de 200 hombres. Tendrá que ser el propio pretendiente Don Carlos el que ordene reiteradamente una nueva retirada al país vecino. El pueblo llano denominó la intentona como la guerra de los Tristany.

Ramon Cabrera

A continuación Rafael pasó a Italia como soldado a sueldo del duque Francisco V de Módena, pasando más tarde a servir al destronado Francisco II de Nápoles. Con una fuerza inicial de cien hombres logró derrotar y fusilar a Chiavone, Tetti y Dessiati, venciendo en tres encuentros de mediana importancia: Monte Cataldo, Campo di Mele y Castel Nuovo. No obstante, es atraído por medio de engaños a Roma donde es capturado por los franceses y encerrado en el Castel de Sant’ Angelo. Es tratado con cuidado y con los honores correspondientes a un mariscal, con lo que corre mejor suerte que otro carlista catalán, el general Borges, quien fue apresado y  fusilado por los piamonteses (1861). Rafael será enviado por mar a Francia y el derrocado rey  de  Nápoles le remitió una espada con empuñadura de oro que conservó toda su vida.

Carga caballería carlista

Carga de la caballería carlista.

La tercera

En  1872, Rafael vuelve a entrar en Cataluña con el cargo de comandante general, obteniendo rotundos éxitos en Gerri de la Sal, Pobla de Segur, y Sanahuja. En esta última acción ganó la Gran Cruz del Mérito militar y el reconocimiento del hermano del Pretendiente Don Alfonso.  Al pasar este último a la zona central, es nombrado Capitán General de Cataluña.

Se inicia la época más fructífera de su dilatada carrera. En 1873 derrota a el Rayo (el coronel Maturana) en Prades; el jefe liberal morirá en la acción. Al año siguiente ocupó Vic, luchando en primera línea, El Vendrell y Manresa donde captura un buen número de cañones, auténtico talón de Aquiles de la causa carlista. En agosto caerá la plaza fuerte de la Seu d´Urgell y con ella 50 modernos cañones…. antes de final de año participó en las acciones de Casserres e Igualada.

Las intrigas de Savalls y Lizárraga no cesarán hasta lograr que Rafael sea trasladado al ejército del  Norte  en  marzo  de 1875. Allí obtendrá la Laureada de San Fernando y un nuevo título: marqués de casa Tristany por su actuación en el asedio de Guetaria.

medalla carlista batalla de Berga 1873

Medalla conmemorativa de la victoria carlista de Berga (1873)

En noviembre debe volver a Cataluña por el pasivo ydisperso mando del zaíno Savalls, dónde rechaza un nuevo intento de soborno de los liberales, esta vez consistente en una capitanía general en ultramar. Superado y acosado, debe emprender por última vez el camino del exilio. Sólo Castell se mantendrá durante unas semanas más en las montañas, perseguido por Martínez  Campos y Jovellar. Una vez más, la causa había sido militarmente vencida.

Combate de Alpens (1873)

Combate de Alpens (1873)

En tierras galas Rafael contrajo matrimonio con una joven noble, pasando a residir en un castillo de los bajos Pirineos. A la muerte de su esposa fijó su residencia en Lourdes dónde realizará  numerosas labores solidarias con los enfermos que visitan el santuario.

Falleció el 17 de junio de 1899 olvidado por todos. Sin embargo, sus restos serán repatriados en 1913 a Barcelona y de allí a su pueblo natal. Las manifestaciones de duelo fueron la concentración de multitudes más gigantesca vivida hasta ese momento en Cataluña.

Obviando causas y circunstancias de la azarosa vida de Rafael, si algún rasgo de su personalidad perdura para la posteridad, este sin duda es la lealtad, para cuyo fin hoy nos puede resultar caduco e inviable, pero no por ello menos ejemplar en unos tiempos como los actuales  limitados en cuanto a ideas se refiere al vil metal y sucedáneos.