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3 de mayo de 1945: el último combate sobre Alemania

A comienzos de mayo de 1945, aunque los alemanes se estaban rindiendo en masa por todo el frente occidental, la situación seguía siendo muy confusa. No era en absoluto inevitable que fuera a producirse una rendición incondicional al cabo de pocos días. Además, durante muchos meses se sospechó que Hitler hiciera una última resistencia en su reducto alpino. Incluso ahora que se creía que había muerto, algunas unidades fanáticas continuaban combatiendo. Dadas las circunstancias, no podía aflojarse la presión contra cualquier objetivo que supusiera una amenaza.

Operaciones en Alemania, abril-mayo 1945

Operaciones en Alemania, abril-mayo de 1945

Con todo, y pese a que a comienzos de mayo de 1945 todos los combatientes de los ejércitos aliados pensaba que los alemanes estaban a punto de rendirse, existían indicios de que éstos intentaban establecer una línea defensiva en la zona del canal de Kiel, bloqueando el acceso al norte de Alemania, Dinamarca y Noruega, sede del nuevo gobierno alemán del Almirante Dönitz. La aviación alemana parecía concentrarse para apoyar a un gran convoy con destino a Noruega. El 3 de mayo, el as francés Pierre Clostermann (quien, aunque no dejaba de ser un Sous-Lieutenant en la fuerza aérea francesa, comandaba el ala 122 del mando de cazas británico), recibió a última hora de la tarde la orden de atacar una concentración de aviones de transporte alemanes en tierra en la base de Grossenbrode. Debido a problemas de mantenimiento, sólo disponía de 24 cazabombarderos Tempest operativos, sobre unos efectivos de 95. Clostermann relata la acción de aquel día en Le Grand Cirque, sus memorias de la Segunda Guerra Mundial:

Clostermann y su Tempest

Clostermann con su cazabombardero Tempest.

Ante nosotros, en el suelo o despegando, había más de 100 enormes aviones de transporte, los cuales eran, en teoría, mi objetivo principal. En el aire, unos 100 cazas enemigos. Un grupo a 1.500 pies, otro a 3.000, un tercero a 4.500 y otros dos a nuestra altura, esto es, a unos 10.000 pies. Sobre nosotros había sin duda uno más, quizá dos. ¡Y yo sólo tenía 24 Tempests!

No tardé en decidirme. Las secciones Filmstar [indicativo radio, o callsign, de la unidad de Clostermann] amarillo y azul atacarían a los cazas situados por encima de nosotros, mientras que las secciones rosa, negro y blanco, al mando de MacDonald, atacarían a los Focke-Wulf debajo de nosotros.

Le Grand Charles

Mientras, yo intentaría colarme con mi sección roja y ametrallar el aeródromo. Transmití mis instrucciones por la radio, solté los tanques auxiliares y, seguido de cerca por el resto de mi sección, me lancé a un picado vertical, pasando como un relámpago a 600 millas por hora entre la formación de Focke-Wulf situada debajo de nosotros, que se desperdigó por el cielo como una bandada de golondrinas.

Nivelé el vuelo gradualmente, reduciendo gas y siguiendo una trayectoria pensada para atravesar el aeródromo de suroeste a nordeste en vuelo rasante. Cuando llegamos, se desataron los infiernos. El indicador señalaba 500 millas por hora cuando alcancé el límite del campo. Estaba a 60 pies de altura y abrí fuego de inmediato.

La colorida superficie del apostadero estaba cubierta de Dornier 24 y Dornier 18. Tres líneas de espuma blanca marcaban la estela de tres aviones que acababan de despegar. Una hilera de Blohm und Voss sobre plataformas de ruedas se alineaba en las rampas de lanzamiento. Concentré mi fuego sobre un Bv138. Los amarres de la plataforma saltaron; pasé sobre la enorme masa humeante mientras ésta se deslizaba rampa abajo, hasta caer al mar y comenzar a hundirse.

Hidro Bv138

Hidro Bv138.

Los antiaéreos redoblaron su furia. Un flash a mi derecha, y un Tempest fuera de control se estrelló en el mar entre una cortina de agua. ¡Jesús! Los buques anclados junto a la costa estaban armados, y uno de ellos, un gran torpedero, disparaba con todo lo que tenía. Instintivamente, hundí la cabeza entre los hombros, y, sin dejar de volar muy bajo, alabeé mi avión ligeramente a la izquierda, tan rápido que no pude disparar contra los Dornier, para luego volver a girar rápidamente a mi derecha, detrás de un enorme Ju 252 que acababa de despegar y se estaba haciendo alarmantemente grande en mi colimador. Disparé una larga ráfaga continua y rompí contacto justo antes de chocar. Me giré para ver cómo el Ju252, con dos motores en llamas y la sección de cola arrancada por mis proyectiles, topaba contra el mar y explotaba.

Junkers 252

Transporte trimotor Junkers Ju252.

Mi velocidad me había llevado más lejos, directo sobre el torpedero que seguía escupiendo fuego de todos sus cañones. Pasé a diez yardas de su estrecha proa, justo por encima del agua y por entre los miles de surtidores provocados por la flak. Pude ver durante una fracción de segundo siluetas blancas corriendo sobre cubierta y las lenguas de fuego de sus cañones. Toda la superestructura camuflada parecía estar cubierta de estas. Trazadoras rebotaban contra el agua y estallaban por todas partes en un radio de 500 yardas. La metralla liquidó una bandada de gaviotas que cayeron en el mar por todas partes, sangrando presas del pánico ¡Buf! ¡Por fin fuera de su alcance!

Estaba cubierto de sudor y mi garganta estaba tan agarrotada que no podía decir ni una palabra por la radio. Sin darme cuenta, había contenido la respiración durante todo el ataque y mi corazón parecía que iba a estallar. Recuperé altura con una amplia virada ascendente a babor ¿Qué estaba pasando? La situación parecía bastante seria. Un terrorífico combate aéreo tenía lugar sobre el aeródromo. Tres aviones caían abatidos, pero estaba demasiado lejos como para distinguir si eran amigos o enemigos. Otro, pulverizado, había dejado una estela de fragmentos en llamas en el cielo, y un quinto caía en barrena dejando una estela de humo blanco. Más aviones ardían en el suelo.

La radio transmitía un caos incomprensible de gritos, alaridos y maldiciones, entremezclados con la vibración del fuego de los cañones. Cerca del torpedero, en medio de una extensión de espuma, los restos de un avión ardían, y espeso humo negro se elevaba desde una mancha de combustible en llamas.

¿Qué le había pasado al resto de mi sección?

Clostermann regresó con tan sólo trece aviones de los 24 con que había despegado: habían caído nueve. Durante aquella batalla, Clostermann realizó tres pasadas de ametrallamiento con su caza, Le Grande Charles, destruyendo cuatro aviones en el suelo y en el agua, derribando un transporte y dos hidroaviones en el aire. Tras atacar la base, Clostermann se unió al combate aéreo contra los cazas, participando en la destrucción de dos de ellos. Había sido su última batalla. Cuatro días más tarde, el 7 de mayo de 1945, los alemanes se rendían.

Restos de la batalla

Restos de la batalla.

En 432 salidas, Pierre Henri Clostermann acreditó 33 victorias (19 individuales, 14 compartidas) y 5 probables. También destruyó 225 vehículos motorizados, 72 locomotoras, cinco tanques y dos lanchas torpederas, y llegó a pleitear, ya octogenario, contra la editora de un libro que cuestionaba su número de derribos, ganando el juicio en 2003. Murió tres años después, en 2006, a los 85 años de edad. Sus memorias, tituladas Le Grand Cirque, souvenirs d'un pilote de chasse français dans la RAF, fueron publicadas en 1948, siendo traducidas a numerosos idiomas, entre ellos al inglés y al castellano.

Despidiéndose de su avión

Despidiéndose de Le Grand Charles, 1945.

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