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La Granja

La Granja 1937: la batalla de Hemingway

Por Enric Martí

Cantando espero la muerte,
que hay ruiseñores que cantan
encima de los fusiles
y en medio de las batallas


Miguel Hernández

La inmortal obra de Hemingway, en la que algún demagogo cree ver en su título reminiscencias poéticas, tiene sin embargo un origen más escatológico. En una de las escasas ocasiones que el escritor abandonó sus bacanales en el madrileño hotel Florida para acercarse al frente en Guadarrama, pudo observar como un miliciano se masturbaba a la sombra de un pino mientras sus camaradas entre risas le jaleaban ¿Por quién doblan las campanas? La ambientación histórica de la citada novela, contó con personajes del período (Líster, Copic, Valentín González) junto con imaginarios o basados en perfiles reales como el del general Goltz (en realidad Walter) o la del protagonista: Robert Jordan, en realidad Robert Hale Merriman (apodado por sus hombres Murderman; hombre muerte), comandante del batallón Lincoln y desaparecido el 3 de abril de 1938 en Corbera de Ebro (Tarragona) junto al comisario Dave Doran; sus cadáveres nunca han sido encontrados.

 

Hemingway en el frente

Los acontecimientos narrados por la novela se enmarcan en los movimientos previos a la ofensiva republicana de La Granja, al noroeste de Madrid, en mayo-junio de 1937, con el objetivo de conquistar la capital castellana de Segovia.

 

El dicho

El planteamiento de la ofensiva, como casi todas las emprendidas por la República, es un desastre de principio a fin, pese a las justificaciones o alegatos de sufridos mártires como el general Vicente Rojo. A modo de ejemplo, y según las indicaciones de estas fuentes !Parece que las grandes decisiones de una multinacional deban ser tomadas por  los conserjes! Es por ello que hasta el menos avispado se pregunte  ¿a qué se dedican ejecutivos y administradores?

 

El citado plan tenía como objetivo final  la conquista de Segovia y atraer al escenario tanto las reservas nacionales del sector como unidades sustraídas del frente norte, así aliviar la presión sobre la cornisa del Cantábrico. Para ello, habría un ataque principal, el de La Granja y otro secundario en el Alto del León. Una vez superada  la  resistencia de la zona de contacto, se avanzaría  por  la llanura  hasta  la inmediata periferia de la capital, distante diez kilómetros escasos.

 

Si observamos el orden de batalla, encontramos ya las primeras discordancias. Si el empeño republicano era un ataque de distracción ¿qué necesidad hay de fijar unidades en los flancos próximos? La lógica militar nos indica que lo que se debe conseguir con la mayor rapidez posible es la ruptura y consiguiente  explotación con abundantes reservas que releven a las fuerzas de primera línea y que desborden y por tanto inhabiliten la antigua línea de resistencia enemiga; si el enemigo pretende alimentar o saturar su punto de ruptura con estas unidades, en un momento u otro podrá ser copado, flanqueado o simplemente diezmado por las armas de apoyo lejano (aviación, artillería, etc.), pues en la guerra moderna toda maniobra de aproximación desde un área situada al alcance del fuego enemigo puede resultar poco menos que suicida. Así, al examinar la supuesta doctrina de defensa elástica alemana de 1943-1945 en el frente oriental (o, lo que es lo mismo, ¡cómo no parar de correr de Kursk a Berlín!) nos encontramos que los cacareados contraataques sólo se producen cuando las unidades soviéticas se encuentran en el límite máximo de la precaria logística soviética, y por supuesto fuera del radio de acción del Dios de la guerra ruso: la artillería.

 

Nos encontramos entonces con un ataque principal falto de medios de apoyo en favor de uno secundario, unas reservas irrisorias que sólo un lerdo puede ver sustanciales. Este esquema se repite a lo largo de la contienda: fuerzas desgastadas en la conquista de objetivos inmediatos e irrelevantes (La Granja,  Brunete, Belchite, Gandesa…) sin prever la simple regla de tres de que si para la ocupación de las  posiciones avanzadas hemos necesitado X fuerzas, para la culminación del objetivo final, más distante,  más fortificado y no lo olvidemos siempre mejor reforzado al marchar los nacionales por territorio propio y poder  acudir o fortificarse dónde le convenga, necesitaremos: XXX fuerzas.

 

Los mandos y tropas de las unidades son informados de los planes de ataque 22 horas antes de su  ejecución. Además, algunas deberán llevar a cabo una marcha de aproximación de 20 Km. con sus equipos al completo; el reconocimiento del terreno, los ajustes de ángulos de fuego son nulos, aunque el descuido más imperdonable fue conducir los camiones de noche con las luces encendidas. Esto puso al enemigo sobre aviso, reforzándose al punto tanto en el frente como en la propia Segovia. Esta vez las supuestas sorpresas de Rojo no serán más que otro delirio de torero de café y estratega de salón.

 

El hecho

La víspera de la ofensiva, Walter jefe de la 35ª Div. Internacional  se reunía con el soviético Goriev en el hotel Gaylord de la capital española para  ultimar  los  detalles  de  la  operación. Este hotel, junto con el Bristol, era el centro de operaciones de los mexikaniski (asesores soviéticos). Esa  misma  noche, los  soldados empiezan su caótico descenso al encuentro de las avanzadillas del enemigo: en el centro la 14ª Brigada Internacional, a su izquierda la 59ª Brigada mixta, y a su derecha 31ª Brigada mixta,  con su  flanco cubierto por  un  batallón  alpino. Las reservas eran dos batallones de la 21ª Brigada mixta, y se contaba con el apoyo de número variable de piezas mal distribuidas y peor emplazadas, además de una compañía de T-26  y otra de Renault FT-17, ambas tripuladas por españoles.

Mapa de la ofensiva

El ejército nacional, fortificado en numerosas posiciones a través de las cuales era aparentemente fácil infiltrarse, pero desde la cuales podía dispararse un nutrido fuego cruzado desde las cotas dominantes sobre los espesos pinares por los que era difícil orientarse. Defendían las posiciones nacionales el 3er batallón del regimiento Tenerife 38º, 7º batallón del Arapiles, 2º batallón del La Victoria, Requetés de Abárzuza, secciones de caballería Calatrava nº 2 y Farnesio nº 10, apoyados por una quincena de piezas. Ante la inminente ofensiva, estas fuerzas son reforzadas por la reserva divisionaria. 3º  y  6º Batallones del 25º regimiento San Quintín y 4º del 28º Regimiento  La Victoria junto a todos los elementos que pudieron ser sustraídos de la escuela de artillería y de los servicios de retaguardia de la ciudad castellana.

El ataque se iniciará el 30 de mayo con un contundente fuego artillero sobre las posiciones nacionales de  Cabeza Grande, Matabueyes y Cruz de la Gallega, que precede el asalto de los hombres de la 59ª Brigada mixta. Pero la aviación que debía cubrirlos no aparece, y tardará seis horas en hacer acto de presencia. Cuando lo haga parte de su letal carga caerá sobre sus camaradas en Los molinos, La Salamanca y Cuelgamuros. En ese mismo sector, un batallón de la 14ª Brigada simplemente se pierde en el espeso pinar. Al mediodía, en el sector secundario del Alto del León, se conquistan insignificantes posiciones. En los encarnizados combates se destaca un joven madrileño: Manuel Tagüeña, el futuro jefe del XVº CE en el Ebro (Desde mi domicilio puedo ver de forma nítida su puesto de mando en Sant Medir durante la defensa de la capital catalana en 1939).

12 brigada internacional

En el sector principal, la 59ª Brigada toma la Cruz de la Gallega y prosigue hacia Cabeza Grande apoyados por la Cía. de  T-26 que sufre la pérdida de seis máquinas; la 31ª Brigada logra cortar la carretera que une La Granja con Segovia pero es parada en seco por el 5º Tabor de regulares, que acude  desde Segovia a restablecer la línea. Los batallones de la 21ª enviados a reforzar el único vestigio de ruptura se dispersan apenas toman contacto con el enemigo. El fracaso es inapelable y Walter, en un arrebato psicópata, monta de pie en el asiento trasero de su coche y recorre toda la línea de frente gesticulando e insultando en cuatro idiomas a todo aquél que se cruza en su camino. Una vez de vuelta a su puesto de mando, el vehículo está totalmente acribillado, aunque él salió milagrosamente indemne.

El general Walter

El general Walter dando instrucciones, 1 de junio de 1937.

El segundo día  (31 de mayo) se ocupa por fin Cabeza Grande, desde la que se obtienen ángulos de tiro contra todo refuerzo nacional dirigido a La Granja; no obstante, en este punto la 14ª Brigada queda clavada debido a la llegada de refuerzos y al bien dirigido fuego artillero, así como la llegada de la  aviación nacional que de forma fácil se apodera del campo de batalla. Aquí es preciso hacer un inciso; los valores físicos de espacio, tiempo, velocidad, etc., nunca fueron bien entendidos ni ejecutados por el Estado Mayor republicano  y  así en Teruel todo el ejército de maniobra enemigo se encontraba en Siguenza  a  un día de marcha  de  los puntos de contacto, en El Ebro se hallaba en Valencia a un día escaso de la inmediata retaguardia del cauce; si estos lo aplicamos a la aviación, ésta puede presentarse en el frente en cuestión de minutos, y en este caso en concreto es plenamente plausible el apoyo al frente norte, como acudir al de la sierra de Madrid.

El general Walter en su puesto de mando. 1 de junio de 1937

El general Walter en su puesto de mando. 1 de junio de 1937

El  tercer  día (1 de junio), Walter recibe la orden tajante de conquistar La Granja y Valsaín y conservar lo conquistado hasta el momento, pero el bando nacional que todavía mantenía en reserva en segunda línea unidades de elite como el Tabor de tiradores de Ifni-Sahara o el 6º Tabor de regulares,  empieza a trasladar a estas unidades a los puntos de mayor fricción, así como su aviación, auténtica dueña del cielo ya que la republicana no apareció en toda la jornada. Entre los pilotos de esta última destacan de forma  anecdótica los norteamericanos Finnick, Tinker y Baumler.

El resultado no podía ser otro que la retirada republicana de Cabeza Grande a mediodía, con el consecuente contraataque que es masacrado por la aviación nacional. Sin embargo, la presión republicana  alcanza su punto álgido, llegando a combatirse en el núcleo urbano de La Granja. Es en este momento cuando se produce el hecho más sorprendente de la batalla, al entrar el general Varela en esta última posición con el peregrino propósito de elevar la moral. Veamos cómo la historia oficial de su bando justifica tamaña incongruencia: "Aprecia con su fino instinto guerrero que ha llegado el momento de jugarse el todo por el todo". Una interpretación tan errónea como infantil de cuál es el deber del mando.  Nadie parece querer asumir las fatales consecuencias propagandísticas de la captura de uno de los artífices del levantamiento. Todavía más grave a  nivel táctico sería el hueco en el organigrama que hubiera supuesto su apresamiento. Como consumado africanista, era bien segura su idolatría hacia  compañeros sitiados hasta la muerte en la guerra de Marruecos: el comandante Benítez, el teniente  Flomesta y sin duda su participación en la liberación del general Moscardo en el Alcázar le infundió un sentimiento de perversa envidia ante una corriente colectiva que enmascara una usurpación de poder en cruzada de unos mal entendidos valores de la España eterna, paralelos a episodios poco prácticos en términos militares: Numancia, Zaragoza, Baler.

General Varela

Místico Varela

Al inicio del cuarto día (2 de junio) Walter es relevado del mando por José Mª  Galán. Entra en fuego la  34ª División. De buena mañana aparecerá La Gloriosa (Aviación republicana) pero ante la llegada de la enemiga, desaparecerá de  súbito. Ya  no  existe la menor posibilidad de alcanzar la llanura castellana. Como es habitual, continuará la sangría por unos objetivos inmediatos carentes de la menor importancia, tanto estratégica como táctica, y eso último es indudable, pues con un simple desbordamiento o idea de infiltración su trascendencia quedaría completamente prescrita, objetivo que sólo se obtendrá en las primeras jornadas del Ebro, tras lo que se volverá al rutinario y cansino choque de carneros.

El último día (3 de junio) el repliegue republicano es un hecho consumado, lo que hace innecesario la entrada en liza de la 6ª bandera de La Legión y del 3º Batallón de San Fernando, que pasan a engrosar las reservas inmediatas del sector.

El trecho

Esta batalla, obviada por la gran mayoría de obras generales sobre la contienda, fue, además de sumamente sangrienta, cruel en un grado inusitado, siendo frecuentes los episodios de apaleamiento de hombres en retirada, fusilamientos in situ y ametrallamiento de dispersos del propio bando.

Por ilustrar con un inhumano ejemplo lo anterior, citaré el de la 14ª Brigada. El segundo día de ofensiva, después de tres asaltos frontales típicos de la escasa aptitud del mando se resuelve elevar la disciplina a "la rusa". El capitán francés Duchesne, que sólo puede ser calificado de cobarde alimaña escoge a cinco desdichados y uno por uno los agarra por el cuello con la mano izquierda mientras que con la derecha les dispara en la nuca. Quiere el azar que el último sólo quede malherido y se agarre suplicante a las botas del oficial; al instante es derribado de un puñetazo por el comisario francés Binet, de idéntico calificativo, y es al momento abatido de un disparo. Los ejecutados, por supuesto, !cosas  del  destino! eran todos de nacionalidad belga, algo que obvian las chauvinistas fuentes francesas, que tal vez sean las mismas que emborronan los nombres de los primeros blindados M-3 que entran en el París liberado: Teruel, Guadalajara, Ebro, Quijote…

Como se puntualiza en la bibliografía, el autor José M. Martínez Bande en las conclusiones de su imprescindible narración de los hechos, efectúa una feroz a la par que acertada crítica de las armas y unidades del Ejército Popular. Lamentablemente, todo queda un poco dudoso al establecer el balance de bajas: así, acredita al bando republicano unas pérdidas a la alza de 1.400, para a continuación sumar a la baja las del ejército nacional (1.086), teniendo en cuenta la multitud de errores e incompetencias del bando republicano  y que este fuera el asaltante. La diferencia resulta sumamente nimia para sus muchas loas al ejército de Franco. ¿Podríamos quizás cuestionar que éste presuntamente profesional y aguerrido ejército ¿También tenía sus imperfecciones?

Ataque a Valsaín

El nefasto ataque contra Valsaín

Biografías destacadas

José Enrique Varela Iglesias, nació en 1891 en San Fernando (Cádiz), ingresando en 1909 en el ejército donde tendrá una reputada trayectoria en la irregular guerra de Marruecos, en donde participa en las acciones más destacadas: Kudia Tahar, Yumán, Beni Arós Yabal Luhorna, Tazarut, Alhucemas. Durante esta contienda obtiene su primera Cruz Laureada. Al inició del levantamiento se encuentra en Andalucía y participa en los combates de este teatro hasta la llegada de ejército de África, participando en la marcha para levantar el asedio del Alcázar de Toledo y en las batallas de Madrid, Jarama, Teruel y Levante. A lo largo de su carrera fue herido doce veces, además de salir ileso al terminar la contienda de un atentado llevado a cabo por miembros de la Falange. Tras el intento de atentado pedirá su traslado a Marruecos, dónde fallecerá en  marzo de 1951.

 

Walter

Walter (Karol Swierczewski). Este prestigioso militar polaco sin duda el más competente de los mandos extranjeros de las brigadas internacionales. Combatirá en el frente andaluz, Madrid, Belchite, Teruel. Abandona España el 8 de mayo de 1938, antes de la gran ofensiva del Ebro. Luchará en la guerra mundial primero en el ejército polaco y más tarde en el soviético, al término de la cual ocupa el cargo de subsecretario de Defensa de su país natal. En 1947 será asesinado por nacionalistas ucranianos.

José María Galán Rodríguez Militar profesional de prestigiosa familia republicana (su hermano Fermín es uno de los máximos iconos de la causa republicana). Perteneciente al cuerpo de carabineros, participará en las batallas en torno a Madrid. Se destaca en Brunete y en el Ebro para a continuación pasar al frente andaluz. Al final de la guerra él y su hermano Francisco son ascendidos al grado de coronel.

Bibliografía

José Manuel Martínez Bande, La ofensiva de Segovia y la batalla de Brunete. Servicio Histórico Militar. Imprescindible a la par que sumamente tendenciosa monografía de este pródigo autor que como de costumbre ejerce de Juez y parte.

 

Andreu Castells, Las Brigadas internacionales. Ed. Ariel. Piedra fundamental para el estudio de estas unidades todavía no superada. César Vidal en un título análogo que incluye todo el orden de batalla de Castells así como otros anexos emplea su soporífero texto en demostrar que algunos miembros eran gais o que incluso la mayoría pertenecían al Partido comunista ¿A qué partido pertenecían los humanistas de las Waffen SS?

Gabriel  Cardona, Historia militar de una guerra civil, Flor del Viento. Conciso y completo ensayo de este ex profesional de las armas y profesor universitario dotado de una inusitada crítica militar tan poco cultivada en nuestro país.

VVAA, La guerra civil. Actualidad española. Interesante a la par que veraz colección de fascículos editados en los últimos años del régimen (1971-72).

Nick Guillain, El mercenario. Ed. Tánger. Memorias de un disidente más de la causa republicana que, como en el caso de las de Enrique Castro o las de Valentín González, serán publicadas y puestas como ejemplo del terror rojo en un afortunado ejercicio de cortina de humo del terror fascista.

Luigi Longo, Las brigadas internacionales, Editorial Era. Testimonio que debe ser tratado con suma cautela del más prestigioso y relevante hombre Made in Moscú de la península italiana.