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La División Azul, 1941-1943
Noticias
 

La herencia de Arminius: Hurtgenwald 1944

por Enric Martí

Parecían un  desfile de fantasmas, una cuadrilla de aspecto lúgubre. Con los ojos hundidos por la tensión de los bombardeos y el terror ante la cercanía de la muerte…

Teniente Devitt de la 83ª División USA de infantería, ante la visión de los supervivientes de la 4ª División a los que debían relevar, en la trituradora de carne de Hürtgen.

Combates en el bosque

Cuatro espesos macizos boscosos formaban el bosque de Hürtgen, de 8 km de ancho por 17 de largo, con multitud de arroyos y barrancos. El bosque contenía siete presas que alimentaban la cuenca de río Roer, siendo las dos principales la de Urf y la de Schwammenauel. Los alemanes lo habían fortificado a conciencia con los materiales encontrados in situ, despejando las cumbres de las colinas para crear inmejorables observatorios y líneas de tiro, y minando a conciencia cualquier vía de acceso a su interior. Pronto las frondosidades se llenarán de carteles en inglés que rezaban: ¡Línea de frente a cien metros. Desmonten y peleen!

Jaque a la reina

El historiador Russell Weigley afirma rotundo: “La única posibilidad de convertir Hürtgen en un peligro consistía en introducir soldados en sus profundidades”. El ejército norteamericano abordaba el último tercio de 1944 con una paupérrima moral, tanto entre la tropa como entre la alta oficialidad. El propio Eisenhower no creía posible cruzar el Rin hasta mayo del siguiente año.

Tras la dura lucha en el bocage normando, el resto de la campaña de Francia fue poco más que un paseo militar, propiciado por la osadía de Patton, por mucho que sus colegas generales-oficinistas se empeñen en enmascararlo. El contratiempo producido por la cerrazón mental de Monty en Arnhem (Market Garden), el endurecimiento de la resistencia alemana en torno a las dos líneas de defensa (Sigfrido) que eran más teóricas que reales, pues habían sido desmanteladas a conciencia en beneficio de la Muralla del Atlántico, contribuían a alimentar este sentimiento de pesadumbre.

Mapa del Hurtgenwald

Mapa del Hurtgenwald.

Los planes para alcanzar el ansiado Rin, se centraban en el sector centro, pues a la izquierda, la lentitud del citado Monty y su grave error de no centrarse en la toma de Amberes no daban demasiadas esperanzas. A su vez, a la derecha Patton se enfrentaba a una tenaz resistencia, con una logística que por diversos factores empezaba a flaquear en cuanto menos se esperaba. Así, la operación para alcanzar el cauce del Rin por el corredor de Stolberg con destino a Colonia y embolsar y conquistar la fundamental cuenca del Ruhr, auténtica fábrica del Reich, fue denominada “Queen”. Esta debía emprenderse tras la dura conquista de Aquisgrán (Aachen), primera ciudad conquistada en territorio alemán. Pero antes de ello, alguna mente bien pensante creía fundamental limpiar el flanco derecho, es decir, el bosque de Hürtgen, para evitar un posible ataque proveniente del mismo.

Nada más lejos de la realidad, pues en aquellos momentos la defensa del mismo estaba a cargo de la 275ª División de Infantería, de reciente creación, que, pese a contar con un escaso número de veteranos en sus filas, demostrará una gran combatividad en defensa del terreno. No obstante, no estaba capacitada en absoluto para tomar la iniciativa en terreno abierto, y menos  contra un enemigo con una ventaja tan desproporcionada en artillería, aviación y blindados. Por esta misma razón el Alto mando estadounidense creía que los citados medios, junto a su  movilidad sin parangón, iban a ser suficientes para laminar esta minucia previa, sin apercibirse  que en ese medio boscoso de poco valdrían, con lo que tendría que ser la infantería quien cargase con la pesada losa de su conquista.

Sanitarios en Hurtgenwald

Coser y cantar

Resulta obvio que el general Hodges no era el adecuado para comandar el 1º Ejército, la mayor fuerza de combate norteamericana ¡La camisa le iba muy, muy grande! A lo largo de toda la campaña europea, nunca tuvo claro de qué iba todo aquello; se encontraba en un perenne estado de perplejidad e irritación ante el hecho de que el enemigo no reconociera que estaba vencido.

A últimos de octubre, la primera gran unidad en adentrarse en el bosque fue la 9ª División de infantería por el oeste del mismo. Pronto su empuje quedó paralizado en las colinas frente a la carretera Kleinhau-Grosshau, ante la resistencia de la 275ª División alemana reforzada por elementos de la 353ª División. Habrá que esperar al próximo mes para emprender una operación de más envergadura.

Y dale molino

El general Thorson, afirmaría posteriormente “Lo único que podíamos hacer era quedarnos quietos y rogar a Dios que no sucediera nada. Habíamos cogido el toro por los cuernos y simplemente no había forma de deshacernos de él”. Pronto llegarán nuevos refuerzos alemanes al bosque ¡Hasta dos compañías de policías urbanos! la 116 Panzer Division, la 89ª División de infantería, etc.

Para la nueva ofensiva no se concibió ningún tipo de flanqueo a través del practicable pasillo de Monschau, a unos 25 km al sur de Aquisgrán. El ataque permitiría no sólo la captura del pueblo de Schmidt sino también de la totalidad de las presas hidroeléctricas, auténtico objetivo estratégico de la batalla. El ataque será llevado a cabo por la 28ª División de Infantería (Cota)  una buena unidad, que sin embargo estaba repleta de reemplazos recién llegados de EE.UU. poco o nada aclimatados al teatro de operaciones, de los que Hemingway, testigo de su llegada, afirmó que “Les habrían ahorrado a todos muchos problemas si les hubieran pegado un tiro nada  más bajar del camión”. Como en nuestra guerra, el escritor ejercía de “capitán araña” por  encima de lo humano y de lo divino, con su bourbon, sus habanos y sus lumis al tresbolillo…

El 2 de noviembre de 1944 a las nueve de la mañana los norteamericanos se lanzaron al asalto, tras un bombardeo preparatorio de 11.000 proyectiles que apenas tuvo efecto en las líneas  enemigas. El fuego de las radiales de Hitler (las MG42) no tardó en barrer al 110º Regimiento, al punto que al final de semana sería calificado como “fuerza de combate sin efectivos”.

Soldados US inspeccionando posición MG42

Soldados estadounidenses inspeccionan un nido de ametralladoras recién tomado.

El sábado 4, el fuego artillero alemán atronó al recién ocupado pueblo de Schmidt, precediendo la llegada de una larga columna de Panthers y Panzer IV los proyectiles de los bazookas simplemente rebotaban en su blindaje, mientras la infantería alemana arrollaba las defensas  profiriendo siniestros alaridos, mientras otros golpeaban las fiambreras metálicas con sus cucharas ¿Confundieron a los GI con legionarios romanos? Cientos de soldados yanquis se aplicaron el principio militar básico de ¡Soldado que huye, vale para otra guerra! Otros  doscientos tomaron la dirección equivocada y huyeron hacia las líneas alemanas: sólo tres lograrían ponerse a salvo…

El combate se traslado al barranco del río Kall donde cinco Sherman quedaron atascados, pero otros tres lograron llegar hasta los fugitivos y contener la estampida. Más tarde se les unirían en Kommerscheidt nueve más, junto a nueve cazacarros M-10, pero la 28ª División era acosada por tres frentes, amenazando con cercarla por completo y aniquilarla. El próximo lunes, sólo quedarán seis de los primeros y tres de los segundos, mientras la artillería alemana, con sus  observadores en la colina 400, eliminaban un cañón tras otro.

Sherman destruidos

Carros Sherman destruidos en el sendero de Kall.

Al día siguiente, los norteamericanos detuvieron in extremis un asalto al pueblo de Vossenack, aunque los atacantes ocuparán la parte oriental del mismo, que mantendrían durante un mes, a costa del 2º Bon del 112º Regimiento, que sería calificado como de aniquilado. Al mediodía se perdería Kommerscheidt. De los dos mil soldados norteamericanos que combatieron en Kall, sólo trescientos sobrevivieron. A mediados de noviembre, la 9ª División sustituirá a los restos de la maltrecha 28ª División. Durante el relevo, su general Cota se dirigió a los afortunados supervivientes: ¡Firmes, adelante, disparen, obedezcan!

Serán las 4ª y 8ª Divisiones las que traten de recuperar lo perdido, con un éxito poco reseñable.  En menos de tres meses de lucha, seis divisiones de infantería, una brigada de tanques, un batallón de Rangers (Concretamente el 2º, veterano del asalto de Point du Hoc en la costa normanda). Dos compañías serán aniquiladas en Hürtgen en el asalto de la colina del castillo de Bergstein) y diversas unidades más serán lanzadas a la pira de lo absurdo; como revelará un documento alemán capturado, ¡los norteamericanos se mostraron absolutamente ineptos…!

Generales de estar por casa

La conquista del infierno verde costaría al 1º Ejército del general Hodges cerca de 30.000 bajas, en un contingente tan falto de hombres que supieran empuñar un M1 Garand y tan sobrado de servicios y combatientes de oficina! Casi 200 batallones de defensa antiaérea, frente a una Luftwaffe que no era más que una grotesca caricatura de sí misma! por poner un ejemplo entre muchos.

El ejército alemán sufrirá muchas menos bajas que sus enemigos, pero igualmente traumáticas y sensibles ante los próximos acontecimientos que se avecinaban en las Ardenas y esta sería la única ganancia de la batalla, aunque no prevista por los Aliados; si los alemanes hubieran sido ignorados o hubieran podido resistir un corto período de tiempo más, habrían resultado una seria amenaza no tan sólo para las fuerzas que combatían en “the Bulge” sino para la salvadora cabalgata del 3er Ejército de “Custer-Patton”, desde la derecha del dispositivo, en la frontera belga; pues si los sitiados en Bastogne confiaban en “Monty”, el rayo de la guerra, más les valía irse haciendo a la idea de que el fin de año del 44 lo pasarían en un Stalag de Pomerania.

Objective Schmidt

Mapa del segundo ataque de la 28 División hacia Vossenack, 2-9 noviembre 1944.

Los juramentados defensores de tamaña inutilidad alegan que era impensable emprender la conquista del Ruhr dejando tan gran bolsa de resistencia en la inmediata retaguardia, y con más saña añaden que la voladura de las presas del Roer por parte alemana podía cristalizar en una pesadilla para las comunicaciones y suministros de la vanguardia trabada en un combate que por parte enemiga resultaba a vida o muerte. Pero lo cierto es que el mando norteamericano no descubrirá estos planes alemanes hasta mediados de noviembre, al encontrar varios documentos al respecto en Spa (Bélgica) y, para entonces, la suerte de los GI ya estaba echada…

Las batallas por el bosque de Hürtgen han quedado relegadas a un injusto olvido o en el mejor de los casos a un segundo plano, ofuscadas por el último canto de cisne del  Reich de los mil años en las Ardenas. Sin embargo, nos encontramos ante las más altas cotas de fiereza, sangre  y  sufrimiento del frente occidental, que resumimos en las cínicas palabras de un oficial del 5º Ejército: “Estamos haciéndonos  con  una  media de tres árboles diarios y cada uno de ellos nos cuesta unos cien hombres…”