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Lo que queda del día

La batalla de Jutlandia, mayo de 1916

por Enric Martí

La moral es a lo material como tres a uno.

Napoleón Bonaparte

La batalla de Jutlandia es conocida como Skagerrak por los alemanes, quienes la celebraron como una victoria (quizá bajo el prisma de las matemáticas puras y simples: 6.000 muertos británicos  por 2.600 alemanes). Pero el bloqueo inglés permaneció intacto y unos treinta meses  después la bandera de la revolución ondeaba en la base alemana de Kiel y von Hipper, el héroe de Jutlandia, enviaba al orgullo de la flota alemana a Gran Bretaña para ser internada. La guerra se había perdido.

Scheer

Reinhard Scheer.

La estrategia naval alemana en las dos contiendas tiene multitud de coincidencias, salvando las diferencias tecnológicas y de material. Esta fue, a grandes trazos: tratar de asfixiar a través de un indiscriminado bloqueo a Gran Bretaña a la vez que tratar de zafarse del mismo, que a buen seguro le impondría la todopoderosa Navy británica.

Para el segundo cometido, se trató de buscar el choque definitivo, un concepto un tanto napoleónico y por ende anacrónico; no es que se creyera ingenuamente que se podía aniquilar en la misma a la totalidad de la abultada flota enemiga, pero sí causarle tal quebranto se viera obligada a aflojar el control de las rutas marítimas  mundiales para tener  que reforzar la Home fleet y de esta forma aflojar el ceñido dogal de los mares.

Rutas hacia el choque. Jutlandia 1916

Las rutas hacia el choque.

En diversas ocasiones, y a través de incursiones y bombardeos de ciudades costeras, la flota alemana trató de provocar la batalla, pero la primavera de 1916 el encuentro ya se daba como inminente, contando los ingleses con la ventaja, como ocurrirá en la siguiente contienda, de la interpretación y descifrado de las comunicaciones alemanas. Y por fin, a primera hora de la tarde del 31 de mayo las espadas estaban en alto: las vidas de miles de hombres estaban a merced del impetuoso alemán Scheer y del cauteloso británico Jellicoe. La batalla se desarrollaría en cuatro fases claramente definidas:

Batalla de Jutlandia

La acción de los cruceros de batalla.

La primera fase de la batalla se inicio al tomar contacto la vanguardia inglesa de Beatty con la alemana de Hipper.  El HMS Galatea disparó el primer cañonazo pero los alemanes fueron quienes lograron el primer blanco, al alcanzar al Galatea bajo el puente, pero el proyectil no exp

lotó.  Un marinero londinense se acercó para agarrarlo y lanzarlo al mar; pegando saltos y sacudiendo las manos chillaba:

¡Qué caliente está el muy cabrón!

A las 15:53, el crucero de batalla Tiger fue alcanzado y después el Lion, buque insignia de Beatty. El Lutzow logró centrar cuatro salvas sobre el Lion; Harvey, su comandante, logrará una condecoración póstuma al conseguir in extremis que el buque no saltase por los aires al inundar la Santabárbara antes de que le alcanzase el fuego.

Batalla de Jutlandia

A las 16:26, el Queen Mary es alcanzado y rápidamente tras multitud de explosiones internas zozobra; una decena de tripulantes son rescatados de una dotación de 1.275 hombres. Cuatro minutos más tarde, el Von der Tann logra inutilizar el Indefatigable. Más tarde, tras una explosión cuya columna de humo alcanzó los 60 metros de altura se hundió con un millar de hombres.

El único crucero británico que permaneció intacto fue el New Zealand: su capitán Green lucía una vestimenta maorí donada por  un chamán que le anunció que si la llevaba en combate su buque no sufriría daño alguno, y así fue…

Mientras los cruceros británicos soportaban tan duro castigo, los destructores de la 13ª flotilla se lanzaron a una carga suicida. El Nomad se hundió mientras lanzaba su último torpedo  a menos de 2.000 metros de la flota alemana; el Nestor tuvo mejor suerte y  pudo evacuar a  sus hombres antes de que los alemanes centraran su puntería sobre el vapuleado casco. En un bote  salvavidas el capitán preguntó al teniente de navío M.J. Bethell:

¿Adónde vamos?

Al cielo, supongo, mi capitán

El teniente se giró para atender a un marinero mortalmente herido; nunca más se supo de él.

Jutlandia

Los acorazados del escuadrón de Evan-Thomas (Valiant, Barham, Warspite y Malaya), agregados a los cruceros de Beatty, hicieron acto  de  presencia y alcanzaron al Von der Tann a una distancia de 17.000 metros. A las 16:50 viran hacía el Norte, tratando de atraer a los alemanes hacia el grueso de su flota: los acorazados alemanes habían sido avistado doce minutos antes por el crucero Southampton.

Flotas al contacto

La segunda fase se produjo al encontrarse  Beatty con el grueso de la flota alemana y virar al Norte buscando resguardarse en la suya. De los navíos de Evan-Thomas, el Malaya fue repetidamente alcanzado; a su vez, los acorazados británicos vomitaron una auténtica tormenta de fuego: el von der Tann era un montón de chatarra flotante aunque seguía navegando a buen ritmo. A las 18:00, el Lutzow, el Seydlitz y el Derfflinger estaban seriamente dañados; poco faltaba para que el almirante Jellicoe, a bordo del Iron Duke, diera la señal de despliegue general; en la penumbra del atardecer se extendió el choque sin orden ni concierto.

Postal alemana de época

Postal alemana de época.

Los cruceros ligeros alemanes Pillau, Regensburg, Wiesbaden y Frankfurt fueron alcanzados por los cruceros de Hood, apoyados por la 4ª flotilla de destructores (Shark,  Ophelia,  Acasta y Christopher). Por parte alemana, también acudieron a la refriega la 6ª y 9ª flotillas de destructores. El Shark fue echado a pique, pero antes logrará perforar el casco del V-48 alemán.

Hasta el momento los alemanes habían cosechado rotundos éxitos, pero la flota de Jellicoe estaba cruzando la T y los más potentes buques del mundo (Ajax, Iron Duke, George V, Temeraire, Marlborough, Agincourt, Saint Vincent y Collingwood) con todo un enjambre de unidades secundarias, tenían la gigantesca columna de naves alemanas a poco más de 10.000 metros de la boca de sus cañones.

Retirada y contraataque.

La tercera fase comprendió un corto enfrentamiento entre el grueso de ambas flotas. La británica cruzando las proas de la de Scheer, con lo que éste viró para zafarse del fuego infernal,  pero extrañamente volvió a la brega por el mismo ángulo, tratando tal vez de salvar a sus náufragos y de tratar de salvar los cascos de los buques ya inmersos en un hundimiento sin  retorno; lo único cierto es que fue uno de los más grandes errores de la historia naval, pues este  retorno jamás debió ser ejecutado por el mismo eje de escape, donde toda la artillería británica esperaba en arco con las distancias bien calibradas por los telémetros.

Beatty

Beatty.

El almirante Scheer se dio cuenta de inmediato de su error y de nuevo ordenó virar, mientras disponía que una pantalla de destructores cubriera la maniobra; su oponente, ante la velada amenaza de una horquilla de torpedos, dispersó sus grandes unidades, mandando a sus cruceros ligeros a dispersar a los alemanes. Para cuando trató de volver a la situación inicial, la oportunidad había pasado para siempre.  El propio Jellicoe reconocería su falta de ímpetu poco tiempo después de la batalla.

A las 18:30 el Lutzow se estaba hundiendo, al igual que el Wiesbaden, que tuvo un único superviviente: el fogonero Zenne. El König estaba en llamas, el Markgraf y otros muchos seriamente dañados. En el bando contrario, el Invincible, con el almirante Hood a bordo, el Indefatigable y el Defense se fueron a pique durante esta fase de la batalla.

Crucero Lutzow

El Lutzow.

Cuando llega la noche

La  última  fase  de la batalla fue una serie de acciones nocturnas dispersas protagonizada por  las fuerzas ligeras y por los navíos rezagados y dañados por los estragos de la batalla: eran los tiros de gracia mientras las flotas se retiraban hacía sus bases, aunque el momento culminante había pasado.

Un repentino destello y el tronar de una explosión anunció el fin para algunos buques. Tal fue el caso del crucero Elbing, aunque la mayoría de su tripulación pudo salvarse; el Frauenlob no tuvo tanta suerte y se hundió en la oscuridad. De ella salieron unos últimos: ¡Viva el  Káiser! ¡Viva el Reich!

Del lado británico, también el Tipperary se fue a pique: sus escasos supervivientes se agruparon en un pequeño bote. Hubo multitud de casos de fuego amigo e incluso un destructor inglés embistió a un crucero alemán.

Al alba, el Seyditz tuvo que varar en la costa a causa de los daños sufridos. La última víctima de los ingleses fue el viejo acorazado Pommern, mientras a las 05:20 del 1 de junio el Ostfriedland chocó con una mina, sufriendo graves daños. Por parte inglesa el Warrior no pudo llegar a puerto, y el Malaya, entre otros, llegó no sólo destartalado, sino que el olor a carne quemada permaneció durante semanas.

Acorazado Pommern bajo el fuego

El Pommern bajo el fuego.

Epílogo

El Kaiser concedió la Pour le Mérite a Hipper y Scheer, además de ascenderles. Por parte británica, la opinión pública se dio cuenta, consternada, de que Nelson llevaba más de cien años muerto. El comandante norteamericano Frost comentó en The  Battle  of Jutland (tal vez el mejor estudio de la batalla, por profundo e imparcial), lo siguiente:

Si el 31 de mayo se hubiese producido un segundo Trafalgar, la supremacía naval inglesa hubiera quedado consolidada durante largo tiempo. Esta superioridad debe apoyarse tanto en fuerzas morales como materiales, y los ingleses perdieron en Jutlandia esta supremacía.

Winston Churchill también comentó acerca de la batalla y su mando:

Sin duda la marina Real debe buscar en otras personalidades y en otros episodios las cadenas de oro que arrastran y afianzan las tradiciones de arrojo y de victorias del pasado.

Ciertamente, la única vencedora de la batalla fue la muerte, y sirva como colofón la cita  popular inglesa perfectamente aplicable a Jutlandia: “Hemos alimentado el mar durante mil años, pero sigue llamándonos, jamás satisfecho”.