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Pavía, 24 de febrero de 1525. Seis de plata, una de oro.

por Enric Martí

“La muerte no deja de alcanzar a los que huyen, más vale buscarla con honra que huirla con perpetua infamia”

Fernando de Avalos,  marqués de Pescara

El  siglo XVI, que estuvo plagado de actos de violencia colectiva, tiene en esta macabra clasificación  dos momentos claves. Uno por su trascendencia: Lepanto (¡Cualquier otro resultado que el acontecido hubiera ocasionado que en la actualidad los habitantes de la ciudad Eterna fueran requeridos en cinco ocasiones para sus oraciones diarias!), y otro por la revolución que supuso para el arte militar: Pavía. Batalla ignorada, obviada y poco rigurosamente estudiada por las fuentes anglosajonas, que suelen abordarla de forma simplista: la noble y gallarda caballería gala, impunemente masacrada por los villanos sureños (Casualmente, cuando esta magnífica caballería se bata en Crecy o en Azincourt, los héroes sin parangón serán los arqueros ingleses).

Pavía 1525

La versión infantiloide que dan de la batalla comenta la imposibilidad de la artillería francesa de seguir disparando por cruzarse su briosa caballería entre ella y los pérfidos spaniards. Lo que obvian es que la visión en el campo de batalla por las condiciones climatológicas se limitó a cien metros, y que en pleno siglo XXI todavía no se ha encontrado la forma de que las armas de apoyo puedan ejercer su función una vez establecido el contacto.

Mapa de la batalla

Otro tópico es la de una épica caballería sola ante el peligro. Nada más lejos de la realidad. Una cuestión diferente es la falta de coordinación y escasa cohesión del heterogéneo ejército francés, aunque también es cierto es que el Imperial también contaba con variedad de  nacionalidades, éste último contaba con un núcleo catalizador: la infantería española, que al contrario que la elitista caballería enemiga no se creía una arrogante casta por encima de lo humano y lo divino. Para su mejor entendimiento veamos una breve síntesis de la batalla y sus fases:

Alertados de que el ejército Imperial había franqueado el parque de Mirabello, una fuerza de caballería e infantería francesa parte de su izquierda para cortarles el paso, pero llega tarde pues el enemigo ya se ha desplegado. Aun así logra arrollar a un contingente de rodeleros y captura varias piezas que de inmediato utilizan contra sus anteriores dueños.

El fuego de las piezas capturadas y las propias diezma los cuadros imperiales, a los cuales se les da la orden, empleada desde los tiempos de la falange griega, de acortar distancias para zafarse del demoledor bombardeo. Un maese italiano difiere y cree que sería más oportuno retirarse al abrigo de los bosques, pero un alférez español le comenta que en caso de no acatar la orden la primera víctima del repliegue será él. Francisco I de Francia, al observar las maniobras de los imperiales, comenta: ¡El enemigo viene hacia nosotros, nos ahorra trabajo, no le hagamos esperar…! Los franceses se lanzan a la carga, pero los arcabuceros se han enmascarado en el terreno y reciben a la caballería con una descarga a bocajarro que desmonta a la mayor parte de jinetes. Mientras que la caballería imperial ha vuelto grupas tras su derrota inicial y se une a la infantería en un rodillo implacable. La nobleza francesa desmontada cree que asegurando un rescate monetario salvarán sus vidas, pero los arcabuceros incitan al degüello y en su defecto fusilan a quemarropa a todo aquel que tienen a su alcance.

Grabado de la batalla de Pavía

El monarca francés se retira y ordena a la infantería suiza que cargue contra los españoles. Estos pasan a corta distancia de los cuadros alemanes que han recogido en su interior a todos los arcabuceros imperiales dispersos, con la orden de: ¡Cierra, cierra! Estos abandonan las formaciones y rocían de flanco a los helvéticos. Simultáneamente, desde el otro flanco las  piezas por fin recuperadas hacen otro tanto, mientras de frente reciben otra andanada de los cuadros españoles a los que pretenden asaltar que los paraliza. Los suizos inician un ordenado  repliegue que arrastra a otras unidades menos combativas de su bando. Los cuadros  imperiales alemanes se traban en una lucha sin cuartel con sus compatriotas de las bandas negras del bando francés. La guarnición de Pavía en lugar de alimentar el saturado punto de choque, flanquea a la izquierda hacia el puente del Ticino guarnecido por el capitán Guevara, español al servicio de Francia que espera que crucen los suizos antes de volarlo a pesar de que muchos perecerán en las turbulentas aguas ante el temor de ser masacrados. Los españoles, tras la furia inicial les gritan: ¡Cuartel, cuartel! prometiendo respetar sus vidas, palabra que cumplen, pues impera la lucha de clases, una cosa es la insolente caballería y otra la solidaridad entre los pisahormigas.

La suerte del resto es diversa aunque tendiente al drama: así, el pretendiente al trono inglés es asesinado por un campesino lombardo que ejercía de falso guía, aplastándole el cráneo por la espalda. Enrique de Navarra, al ver a su Rey en apuros, carga en solitario pero es interceptado por un caballero castellano, un jinete andaluz y un infante de Granada, casualmente será este último el primero en llegar al encuentro ¡La célebre infantería ligera! Al citado caballero se le rompieron las bridas en el esfuerzo y en galope descontrolado aparece con la espada desenvainada entre un grupo de prisioneros. Éstos, temiéndose lo peor imploran piedad. Sin prestarles atención, el caballero les ordena ¡Arregladme las cuerdas! y tras un remiendo de circunstancias desaparece hacia su objetivo. Enrique repartirá su rico equipo según la categoría de sus captores.

Prendimiento del Rey de Francia

Francisco I, tras casi ser ajusticiado in situ, es salvado por el caballero de La Mota, que pone orden entre la soldadesca. Ésta, tras saquearle cuanto de valor le encuentran (incluso su capa es cortada en pedazos cual reliquia de tan crucial acontecimiento) le dedica una salva de honor. El Rey en su traslado hacia la ciudad alterna con todo el mundo sin diferencia de condición, con un humor admirable. La ocurrencia más comentada es la de un arcabucero llamado Roldán que le expone: ¡Ayer fundí muchas pelotas de plomo, fundí también seis pelotas de plata para blancos nobles de las cuales cuatro he disparado con provecho y fundí una de oro por si la providencia me cruzaba con Vuestra Majestad! no ha querido la fortuna este desenlace, pero yo os la entrego pues sois su auténtico dueño. El Rey, entre sorprendido y aliviado, aceptará jocoso el letal presente.

Desembarco de Francisco I en Valencia

Bibliografía

Pavía 1525, Mario Díaz, E Almena.

Pavia 1525, Angus Konstam, Osprey.

Grandes batallas, Carlos Martínez, E Blanco y Negro.

Historia de la vida y hechos del Emperador Carlos V, Prudencio de Sandoval, E Atlas.

Las setenta grandes batallas de todos los tiempos, Jeremy Black, E Blume.

Batallas decisivas de la historia de España, Juan C Losada, Aguilar.

Bosquejo de la historia militar de España, José Almirante, Sucesores de Rivadeneyra.

Historia de la infantería española, VVAA, Ministerio de Defensa.

Museo militar, Francisco Barado, Miguel Soler.

Cuando éramos invencibles, Jesús A. Rojo, El Gran Capitán.

Historia de las guerras de España, Juan C Losada, Pasado & Presente.

Ludografía

Pavía  1525,  Enric Martí, Ludopress. En el planeado futuro número de la añeja revista Alea (35) dedicada a  Italia debía incluirse este escenario para el sistema. Dónde no se ponía el Sol. Lamentablemente y pese a los cantos de sirena de su editor está no verá la luz; sería como si en una de las web del sector se anunciará: ¡Nuevo juego NAC ya a la venta!

Pavia 1525, Donato Maglionico, Alea iacta est. Encartado en el número 5 de la revista de juegos italiana. Compuesto de unidades genéricas y un tablero de juego espartano en modo alguno acorde con el cacareado Trazzo italiano. Su reglamento es el propio para una revista de juego ¡El que espere un ASL dentro de una revista, no tiene un concepto muy nítido de la imitaciones del medio!

All is lost to me, Lionel Liron, White Dog. Discreto juego de reglamento universal, es decir lo mismo sirve para Pavía que para Montecassino o el Ticino con Aníbal y sus elefantes. Su orden de batalla es discutible así como  los  accidentes topográficos plasmados en su mapa. En definitiva, una curiosidad jugable y sólo para acérrimos coleccionistas del período.

Pavia: Climax of the  Italian  Wars, Chris  Perello, Decision Games. Usando el reglamento revisado de Pike & shot y dentro de la línea Folio games, es hasta el momento la  forma más práctica y económica de jugar esta batalla de tanta trascendencia en la época. Con permisode los cracks del chauvinismonarcisista ¡Vive L´Empereur!