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La División Azul, 1941-1943
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Pepe el del puerto: Las peripecias del destructor José Luis Díez

por Enric Martí

 

La pasión siempre vence a la razón

Henri Petain

Las controversias y los sentimientos encontrados originados por nuestra guerra civil (1936-1939) perdurarán mucho después de que el último de sus participantes por implacable ley de vida pase a mejor vida. En esos tiempos sólo nos quedará el terreno de las especulaciones y, por qué no decirlo, de la demagogia. Ciertamente, hoy no resulta asunto baladí ponernos en la piel no sólo de los dirigentes del conflicto, sino del simple combatiente, que convencido o no era parte implícita de tamaño despropósito.

A continuación vamos a reseñar la singladura de un navío español (omito adjetivos del tipo: republicano o nacional, para tratar de que los mismos dejen de ser pertinentes) que creo que es un claro ejemplo de los muchos episodios trágico-cómicos que formaron el compendio de nuestra contienda.

Criar la fama

El moderno destructor José Luis Díez llegará a la aislada cornisa cantábrica republicana en septiembre de 1936, fondeando en Santurce (Vizcaya), pronto se ganará su vejatorio mote entre los gudaris por su pública y notoria pasividad en lo que involucrarse en la lucha se refiere.

J. L. Díez

El José Luís Díez

El 5 de marzo de 1937, los bous vascos Gipuzkoa, Bizkaya, Donostia y Nabarra, que escoltaban al mercante Galdames en ruta hacia Bilbao, fueron de improvisto interceptados por el crucero  Canarias y el destructor  Velasco que capturaron al mercante y hundieron al Nabarra, mientras el resto de la flotilla presentaba valiente pero desigual resistencia. Pepe fue apremiado para que acudiese en ayuda de los balleneros, pero… lo cierto es que por azares de la guerra, en ese preciso día se encontraba en tareas de avituallamiento y municionamiento. Con la máxima urgencia habría tardado un mínimo de 4 horas en entrar en zafarrancho de combate; también es justo decir que una andanada del Canarias suponía 920 kg en el aire y una del Pepe 112 kg,  pero tal lógica matemática no fue siquiera planteada por los bizarros vascos que le plantaban cara….

La siguiente acción fue el derribo del as Felipe del Río el 20 de abril. Es obligado aclarar que él mismo pilotaba un I-15 Chato, es decir, uno de los pocos aviones de su propio bando en ese frente que podía ser clasificado como de combate.

I-15 Chato

Antes de tener que abandonar Euzkadi escapando al lento pero sin pausa avance del bando  rebelde, participará en una última acción con el destructor Císcar o mejor dicho, no participará; el citado Císcar, navegando 20 km al norte del cabo Machichaco, fue a toparse con el crucero Almirante Cervera, el cual abre fuego a 8.000 metros con sus piezas del 152. Esta primera andanada cayó a 200 metros, la segunda a 50, pero la superior velocidad del destructor le permite poner mar por en medio y a 15.000 metros vislumbra un penacho de humo que en un primer momento tomó por otra nave enemiga, pero pronto fue identificada como el Pepe, el cual, viendo la situación, viró a toda máquina alejándose de la peregrina suerte del combate ¡Si esto no es solidaridad obrera, que baje Dios y lo vea!

El crucero Almirante Cervera

El Almirante Cervera en puerto.

Tras la caída de Bilbao en junio de 1937 tiene lugar la siguiente etapa de su odisea: Santander, en cuyo fondeadero la única acción reseñable fue la salida nocturna con el Císcar en la que sorprendieron al Cervera; amparados en la oscuridad, hubieran podido intentar torpedearlo con buenas garantías de éxito; pero en lugar de ello, y en virtud a su acrecentada fama, optaron por  virar y desaprovechar tan óptima ocasión.

Cardar la lana.

El último bastión norteño republicano será Asturias; las unidades gubernamentales se encuentran embotelladas en la base del Musel. Junto al Pepe se haya el Císcar, los submarinos C2, C4 y C6 y el torpedero nº 3. Las incursiones aéreas enemigas son diarias, crispando los nervios de las dotaciones. Tal es así que en una de ella la totalidad de los servidores de las piezas anti aéreas del Pepe se desbandan huyendo a un refugio en tierra firme; tendrán que ser los artilleros del Císcar los que pasen a bordo y las sirva.

Submarino clase C

Submarino de la clase C (1930) en puerto.

En semejante ratonera a nadie le puede extrañar que, siguiendo su norma de escurrir el bulto, en una salida nocturna el Pepe ponga rumbo al puerto francés de le Havre dónde efectuará operaciones de reparación y mejora. Como nota curiosa, las nuevas piezas antiaéreas llegaran unas de contrabando de España y otras de la Italia de Mussolini ¡Las romanas caprichosas, las costumbres licenciosas!

Apurando el tiempo de refugio establecido y mientras estas tareas se llevan a cabo, su nuevo comandante, Juan Antonio Castro Izaguirre, se traslada a Barcelona a entrevistarse con el ministro de Defensa Indalecio Prieto, al cual le propone un descabellado plan del que extraigo un párrafo: “Debe escoltar dos buques con armas y hombres que se encuentran en Burdeos y  arribar a Santoña, liberar a unos doce mil gudaris presos en Santander, ocupar la ciudad, requisar todo vehículo disponible y formar una columna móvil que marchará sobre  Bilbao,  dándole su destructor apoyo artillero en ruta de cabotaje…” Lo realmente extraño es que a día de hoy algunos sectores progresistas se sigan preguntando por qué la República perdió la guerra…

Afortunadamente para la causa republicana, tan grotesco plan no se llevo a cabo. Mientras, Izaguirre fue tentado por los agentes de Franco, que le hicieron llegar un misiva del almirante Salvador Moreno de la que de nuevo extraigo: “…le recuerdo revoltoso y poco aplicado, pero noble y caballero…ha traicionado a España, pero es usted valiente y decidido, devuélvanos el barco y si no pude estréllelo o húndalo, y si es preciso morir no dude un momento en que yo reivindicaré su nombre y Dios que está visiblemente de nuestro lado, le perdonará….” la paranoia bipolar de Moreno sí que es visiblemente evidente, además de línea directa con Dios, acusa de forma cínica de traidor a quién se ha mantenido en apoyo de un gobierno legalmente establecido, dando por  suyo un bien que es de propiedad única del pueblo español, él cual a ellos no los ha elegido, ni elegirá en sufragio universal ¡Blanco y en botella…!

También recibirá Izaguirre las atenciones de la voluptuosa bailarina italiana Mina para que a través de la lascivia entregue el barco, pero el vasco se muestra firme aunque coquetea con los agentes franquistas para que estos no traten de sobornar a miembros de la tripulación, aún más teniendo en cuenta que recientemente un comando asaltó al submarino C3, también refugiado en Francia, y así, mientras negocia salvoconducto y una determinada cantidad, el Pepe se hace a la mar, mientras un tripulante supuestamente desertor grita ¡No queremos ir a Rusia! Todo sea para tratar de confundir al comandante francés del puerto, un simpatizante fascista acreditado. ¡Tiempo habrá en 1944 de que el país en pleno se declare de la resistance,  eso sí a toro pasado!

Pintan bastos.

El 24 de agosto, camuflado como el buque británico D19, se encuentra con el buque nodriza Saturno en aguas de Galicia, donde es descubierto por un par de pesqueros a los cuáles hunde y captura a sus tripulaciones para que no pongan en alerta a los navíos que le van a la zaga.

Su primer plan era atacar en Canarias, para que acuda el grueso de la flota enemiga y aprovechar para forzar el estrecho de Gibraltar en su ruta a la base de Cartagena, pero finalmente optará por forzar el atolladero a la brava.

En las sombras de la noche del 24 de agosto, a las 00:45, se cruza con un buque de pasajeros de alto porte, tras el cual se oculta un cañonero enemigo a 200 metros. El  Pepe le dispara seis granadas trazadoras sin resultado aparente. Media hora  más tarde, a 10 km de Tarifa, avista al crucero Canarias a una distancia de 4.000 metros sobre el cual abre fuego. Una de las granadas explota en el mismo cierre de la pieza nº 2 matando  a todos sus servidores, menos uno que es arrojado al mar y será recogido por una unidad italiana. Pronto reclamado por las autoridades rebeldes, será de inmediato fusilado en Cádiz ¡Es la España de la Paz, Piedad y Perdón, y nunca mejor dicho! Pronto se unen al acoso las baterías costeras de Ceuta y finalmente el Pepe encaja una granada de 203mm en la línea de flotación. A duras penas puede  poner rumbo a Gibraltar, mientras el Canarias cañonea a un minador de su bando, confundiéndole con el destructor republicano ¡Obviamente, esto es omitido por los hagiógrafos del régimen, confundir a un leal español con un rojo es algo impensable entre los cruzados de naftalina! En la refriega el crucero nacional ha encajado varios impactos, entre ellos uno en el puente de mando, objeto como de costumbre omitido por la caterva oficialista.

A las 03:15 de la madrugada, el Pepe amarra en el muelle del Almirantazgo de la colonia británica. Los muertos son numerosos, entre ellos los 24 pescadores gallegos prisioneros. Sólo en el puente ha habido 17 bajas de 18 tripulantes.

Antes Virgen que mártir.

El gobierno republicano  tratará  de  reparar el navío en el mínimo plazo que los ingleses le dan para abandonar su santuario (Máximo el 30 de septiembre de 1938) enviando al ingeniero Lago con un buen contingente de operarios. Mientras Izaguirre trata de conseguir que dos destructores propios se acerquen hasta punta Europa, al Sur de Gibraltar, para ahuyentar a las unidades  ligeras enemigas que montan guardia (los cañoneros Calvo Sotelo, Vulcano, Neptuno, Júpiter  y Marte), mientras la poderosa flota republicana se limita a comunicarle que en la paralela del cabo de Palos le escoltará hasta la base ¡La ociosidad de  la flota  gubernamental  es legendaria, Cartagena era un ciudad de vacaciones, ríete tú de Marina d´Or!

En el Estrecho

Por fin, a la una de la madrugada del 30 de diciembre, el Pepe se hace a la mar con todas las luces apagadas y a toda máquina. De inmediato procedente del club náutico dos bengalas avisan de su partida, al instante los focos del Calvo Sotelo lo iluminan, mientras el destructor se ciñe a la costa tratando de cohibir el fuego nacional, que en caso de alcanzar objetivos en la Roca, provocaría sin duda un incidente internacional. El Pepe abre fuego a 1.000 metros sobre el Neptuno impactándolo en dos ocasiones y decide embestir al Vulcano abriendo a su vez fuego con todo lo que tiene a mano, incluyendo las  ametralladoras; en el momento del impacto, su capitán grita por megafonía ¡Viva la República! coreado por toda la tripulación. Del buque enemigo sólo es contestado con un débil ¡Ay, madre mía! Pronto es impactado por dos granadas de 88mm que matan a todos los sirvientes de un montaje antiaéreo y afecta a la sala de máquinas. La única alternativa a una muerte estéril es embarrancar la nave en la bahía de los catalanes, en la cara oriental de Gibraltar. ¡En la inmediata postguerra, el régimen concedió una medalla al valor individual y otra colectiva al Vulcano! De los autores de: Apropiarse de un país y alegar la memez, hay que salvar España; llega: ¡Casi me echan a pique al estilo “Salamina” y como reprimenda me caen dos medallas!

Izaguirre

Izaguirre con uniforme de la marina francesa.

El casco ya sólo hábil para el desguace del Pepe fue entregado al bando franquista el 25 de marzo de 1939. Su tripulación, tras un breve cautiverio inglés, pasará a territorio republicano.  Juan A. Castro Izaguirre logrará  cruzar la frontera francesa días antes de finalizar la contienda, en la cercana guerra europea ingresará en la Armada gala, prestando servicio en el frente del Pacífico ascendiendo progresivamente en el escalafón, a punto de ascender a vicealmirante  pedirá la baja, al no tener la nacionalidad francesa no hubiera podido acceder a tal rango; fijando  a partir de ese momento su domicilio en Paris.

José Luis Díez

Botadura                    1928   
Desplazamiento          1.650 Tm       
Velocidad                   36 nudos    
Armamento principal   5 x 120mm                      
Dotación                    175 hombres    
Eslora                        333 pies (101 metros)